Muchos de ustedes tendrán un detector de monóxido de carbono en su hogar. Lo tienen porque quieren detectar el veneno. Saben que, si respiran monóxido de carbono, los matará.
Por eso compras una alarma y quieren que suene muy fuerte con ese chillido si hay monóxido de carbono cerca de ti. Mi trabajo hoy es ser tu alarma.
Quiero compartirte tres formas en las que podrías sentirte tentado a alejarte del evangelio y luego compararlas con la Biblia para que puedas mantener el rumbo. De este modo, podrás llegar al conocimiento de la verdad.
Desviación #1: Jesús murió, así que estoy bien
Él mismo llevó nuestros pecados en Su cuerpo sobre la cruz (1 Pedro 2:24).
Tenemos un regalo maravilloso: Jesús murió por nuestros pecados. Él los cargó y tomó en Su propio cuerpo la culpa de nuestros pecados. Él llevó el castigo de la justicia divina que les correspondía. Por eso Isaías dice: «Sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz» (Isaías 53:5 NVI).
Cuando oímos esto, es natural que digamos: «Jesús murió por nuestros pecados, así que nuestros pecados son perdonados». Pero quiero hacerte esta pregunta: ¿De quién son los pecados perdonados? Esa es la pregunta más importante. Si Él llevó nuestros pecados, entonces, ¿quiénes están incluidos en ese nuestros?
Para responder a esta pregunta, tenemos que fijarnos en la segunda mitad del versículo:
Él mismo llevó nuestros pecados en Su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia (1 Pedro 2:24).
Jesús murió por los pecados para que hubiera un cambio en nosotros. Él cargó con nuestros pecados para que pudiéramos morir al pecado. Al decir «nuestros» para referirse a los pecados llevó Jesús, está diciendo que «nosotros» somos quienes morimos al pecado y vivimos para la justicia. Esto es muy diferente de la confianza casual que dice: «¡Jesús murió, así que estoy bien!».
Desviación #2: Creí, así que estoy bien
…obteniendo, como resultado de su fe, la salvación de sus almas (1 Pedro 1:9).
La salvación es por gracia por medio de la fe en Jesucristo. Leemos en 1 Pedro 1:9 que el resultado de nuestra fe es la salvación de nuestras almas. Pero la fe es mucho más que firmar un credo.
Algunas personas tienen la idea de que, si creen que Jesús murió por sus pecados, o si en algún momento de su vida dijeron que creían esto, entonces sus almas están salvadas. Pero ser cristiano es mucho más que creer que Jesús murió por tus pecados: «Pues ustedes andaban descarriados como ovejas, pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián de sus almas» (1 Pedro 2:25).
¿Qué significa que Cristo sea el Pastor y Guardián de tu alma? Significa que todo lo que eres y todo lo que tienes está a Su disposición. Significa que te ofreces a Él con total devoción, adoración y servicio. Significa entregarte en Sus manos.
Hay un Salvador, un Pastor, un Supervisor, un Guardián de las almas, alguien a quien puedes confiar tu alma. Puedes dedicarle tu alma a Él. Su nombre es Jesucristo y, si confías tu alma, tu vida, todo lo que eres, en Sus manos, tu alma prosperará. Tu vida será más plena.
No hay nada más grande en este mundo que poder decir: «El Señor es mi pastor». Porque entonces puedes decir: «Nada me faltará». Puedes decir esto porque tu vida, tu muerte y tu eternidad están en Sus manos.
¿Ves cuánto más es esto que simplemente decir: «Creo, así que estoy bien»?
Desviación #3: Estoy en una travesía espiritual, así que estoy bien
Jesús le dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por Mí» (Juan 14:6).
En nuestra cultura, la travesía espiritual se ha convertido en una metáfora de toda la experiencia espiritual de una persona: cualquier creencia, duda y vivencia que tengas, todas se convierten en la sopa de tu travesía, y esa travesía termina siendo un fin en sí mismo.
Pero este es el problema: hay una travesía espiritual en el camino hacia la perdición, así como una travesía espiritual que termina con la salvación. Tu travesía espiritual no puede salvarte. Si pasas tu vida como una oveja descarriada, pasarás la eternidad como un alma perdida. Solo el Buen Pastor, Jesucristo, puede salvarte. Nadie se salva por emprender una travesía espiritual.
Jesús contó una historia sobre un hijo perdido. El hijo se fue a un país lejano y se entregó a una «vida desenfrenada». Entonces hubo una gran hambruna y se dijo a sí mismo: «Me levantaré e iré a mi padre» (Lucas 15:18). Decidió regresar. Y cuando regresó a su padre, le dijo: «He pecado contra el cielo y ante ti». Volver a su padre significaba dejar su vida de pecado. No podía llevársela consigo.
Volver también significa someterse. Yo someto mi vida a la Palabra de Cristo. Con Su fuerza, puedo seguir muriendo al pecado y viviendo para la justicia.
El punto de partida para ser cristiano es que Jesucristo es tu Señor. Y cuando Él es tu Señor, puedes llamarlo tu Salvador con toda razón. Si Cristo no es tu Señor, ¿cómo puede ser tu pastor? Y, si Cristo no es tu pastor, ¿por qué pensarías que es tu Salvador?
Una de dos cosas le sucederá a tu alma
Tienes un alma que es más valiosa que todo el mundo. Una de dos cosas le sucederá a tu alma: tu alma será salva o tu alma se perderá. Quiero que tu alma sea salva.
Hay un Pastor y Guardián; un Salvador y Señor que es capaz de salvar tu alma. Él es capaz de hacerlo porque murió por los pecados. Ninguna persona que acuda a Él será rechazada jamás. Ninguna alma que confíe en Sus manos se perderá jamás.
¿Has vuelto a Él? ¿Te has apartado de tus pecados? ¿Y lo has coronado como Señor de tu vida?
Jesús te dice hoy: «El que quiera salvar su vida, la perderá», pero luego, con amor, te exhorta: «¡Pero el que pierda su vida por causa de Mí, la hallará!».
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