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¿Cómo puedes mantenerte firme, como cristiano cuando a tu alrededor se libra una batalla? El Pastor Colin habla de seis cosas que te ayudarán a mantenerte firme.

Pasaje: Efesios 6


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1. Manténganse firmes en la verdad

Todos los que han asistido a la escuela dominical han oído hablar del cinturón, la coraza, las sandalias, el escudo, el yelmo y la espada. Dependiendo de la edad que tengas, te lo habrán presentado de diferentes maneras, en una pantalla o con un pizarrón magnético.

Para algunos de nosotros que somos un poco mayores, se remonta al flanelógrafo, que muchos de ustedes ni siquiera saben lo que es. Pero es sencillo, los niños pequeños se acercan y colocan estas telas que se adhieren con forma de piezas de la armadura, o bien hay un modelo de dos metros y todos se acercan y visten al soldado con la armadura.

Y entendemos la ilustración. El problema es que olvidamos el mensaje que se pretende transmitir, que tiene que ver con la verdad, la justicia, el evangelio, la fe, la salvación y la Palabra de Dios, que son los medios por los que podemos mantenernos firmes en el fragor de la batalla.

Así que hoy voy a hablar muy poco de la armadura, porque lo que quiero destacar es el mensaje de la ilustración, que es cómo se puede resistir en medio del fragor de la batalla.

En primer lugar, manténganse firmes en la verdad. «Estén, pues, firmes, ceñida su cintura con la verdad».

Ahora bien, Pablo no se refiere aquí a la Biblia. Lo sabemos porque eso viene después, cuando dice que la espada del Espíritu es la Palabra de Dios. Lo que está diciendo aquí es sinceridad, honestidad. Afrontar la realidad de la situación en la que te encuentras sin evasivas y sin eludirla.

El cinturón de la verdad es realmente la verdad, tal y como David la mencionó en el Salmo 51 cuando le dijo a Dios: «Tú deseas la verdad en lo más íntimo». Él quiere que seas honesto.

Ahora bien, cuando te encuentres en medio de la batalla, tu punto de partida siempre debe ser establecer lo que es verdad. Quizás te ayude tomar un pedazo de papel y empezar a escribir lo que es verdad en frases cortas. Tendrás muchas.

La verdad de la lucha a la que te enfrentas. Escribe la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Describe las circunstancias a las que te enfrentas, las presiones que sientes, los pecados que te tientan y las verdades en las que crees. Sé implacablemente honesto.

Empieza por lo que es obvio y luego pasa a lo que es menos obvio. Y cuando hayas terminado de escribir, pregúntate: ¿qué más es verdad? ¿Qué es lo que mi mente podría haber evitado porque es una parte de la verdad que aún no quiero afrontar?

La Biblia tiene un libro completo que nos sirve de modelo. Se trata, por supuesto, del libro de los Salmos. ¿Qué encuentras en el libro de los Salmos? Encuentras al salmista enfrentándose a la realidad sin esconderse, sin evadirla, sin evitarla.

Y si vas a enfrentarte al fragor de la batalla, aquí es donde debes empezar. Y realiza este ejercicio con oración.

Fíjate en el versículo 18: «Con toda oración y súplica oren en todo tiempo». En otras palabras, pide a Dios que te muestre lo que te estás perdiendo. Estas cosas las veo como verdaderas.

¿Qué más es cierto y pertinente a esta situación que aún no he visto y no he expresado? Ponte la armadura del evangelio, cada pieza puesta con oración.

Ahora una cosa más antes de continuar, y les prometo que voy a dedicar más tiempo a esta primera que a las demás.

Pero si quieren ayudar a alguien que está en medio de la batalla, si quieres ser un buen amigo de alguien que realmente está pasando por dificultades, si quieres ser un consejero sabio para alguien que te invita a acompañarlo en la batalla que está enfrentando, aquí es donde debes comenzar.

¿Cuál es la verdad de esta situación? ¿Cuál es la realidad aquí? Lo que tú puedes aportar es algo que tú ves y que la persona en cuestión no ha sido capaz de percibir.

Dios dice a través del profeta Jeremías: «Les daré pastores según mi corazón». ¿Qué hacen los pastores según el corazón de Dios? Bueno, hay muchas respuestas a esa pregunta, pero lo que Jeremías nos dice es que los pastores según el corazón de Dios alimentarán con conocimiento y comprensión a las ovejas.

Esa es su contribución particular. No están ahí para solucionar tu problema, sino para aportar, como buenos pastores, lo que proviene de un conocimiento y una comprensión de lo que realmente estás enfrentando.

La verdad puede ser dura, pero enfrentarla siempre será enriquecedor. Y como es enriquecedor, te alimenta y te fortalece.

Por eso un consejo sabio siempre comienza con una comprensión adecuada de la verdad de una situación, y por eso Santiago dice que todos debemos ser rápidos para escuchar y lentos para hablar.

Este es el punto de partida para permanecer firme en la batalla. Permanece firme en la verdad.

2. Permanece firme en la justicia

«Estén, pues, firmes, ceñida su cintura con la verdad, revestidos con la coraza de la justicia».

La coraza de la justicia aquí, no se refiere aquí a la justicia de Cristo que se nos atribuye cuando creemos en Él. Recuerden que Pablo está escribiendo a aquellos que ya están en Cristo.

Esta es una verdad maravillosa, pues cuando la justicia de Cristo se considera tuya, y estás realmente revestido de ella, no necesitarás ponértela todos los días, sino que es tuya en el tiempo, y es tuya para siempre.

Así que lo que Pablo está hablando aquí no es de la justicia imputada de Cristo. Él está hablando de la elección diaria que un creyente debe hacer para hacer lo correcto. Así es como te mantienes firme en la batalla. Tú determinas lo que es correcto ante Dios y te comprometes a hacerlo sin importar el costo.

Recuerdo algo de muchos años atrás, que demuestra el valor que esto ha tenido en mi vida, y que se ha quedado conmigo durante mucho tiempo. Es mi pastor hablando sobre este pasaje de las Escrituras.

Él dijo que en cualquier situación de conflicto, las 2 primeras preguntas que siempre debes hacerte son: ¿qué es verdad? y ¿qué es lo correcto?

Y tienes que hacerlas en ese orden, porque no sabes lo que es correcto hasta que sabes lo que es verdad. El cinturón de la verdad, la coraza de la justicia.

Así que estas son las primeras piezas de la armadura que te debes poner. Las primeras preguntas que debes hacerte en cualquier situación de conflicto son: ¿qué es verdad y qué es lo correcto?

Y mi pastor dio un ejemplo muy sencillo que se me quedó grabado. Dijo: «Un padre le dice a su hija que debe estar en casa antes de medianoche. Pero cuando ella llega a las 2:00am, él está listo para descargar su ira».

«Pero primero, él debe averiguar cuál es la verdad. Puede que ella haya incumplido el toque de queda, o podría ser que su coche se haya averiado. Solo cuando descubras cuál es la verdad estarás en condiciones de discernir lo que es correcto».

3. Mantente firme en el Evangelio

Fíjate en lo que dice Efesios 6:15: «Calzados los pies con la preparación para anunciar el evangelio de paz». ¿No es una frase maravillosa? El evangelio es el evangelio de paz.

Y la buena noticia de Jesús es que él ha hecho la paz derramando su sangre para el perdón de nuestros pecados y que en él tenemos paz con Dios.

Tienes paz con Dios, aunque estés en medio de una batalla, aunque tus pecados sean muchos, aunque tu vida aún no sea como te gustaría que fuera o como algún día será.

Así es como puedes resistir y perseverar cuando la batalla se libra a tu alrededor. Te mantienes firme en el evangelio de paz. Te mantienes firme en el conocimiento de que en Jesucristo, a pesar de la furia de esta batalla, tienes paz con Dios. Y pase lo que pase, tu alma estará en paz.

4. Mantente firme en la fe en todas las circunstancias

«Sobre todo, tomen el escudo de la fe con el que podrán apagar todos los dardos encendidos del maligno».

Me pregunto si alguna vez has tenido la experiencia de que te venga a la mente pensamientos destructivos, llenos de odio, o blasfemos. Y cuando como creyente te vienen a la mente pensamientos de esta naturaleza, te sientes avergonzado y te dices: «No puedo creer que haya estado pensando esas cosas».

En un sentido muy real, no has sido tú quien ha estado pensando esas cosas, sino que son dardos encendidos del maligno. Vienen de fuera, no de dentro. Y sabes que vienen de fuera porque los odias cuando llegan.

Ahora, ¿cómo vas a resistir estos dardos que lanza el enemigo? Pues bien, tomando el escudo de la fe. La fe cree que Dios está a tu favor, que Dios está contigo, y que Él es más grande que todas las fuerzas que se alinean contra ti.

Quiero hacer una breve referencia a la ilustración de la armadura, porque creo que añade algo a nuestra comprensión. Y es que los soldados romanos se protegían con dos tipos diferentes de escudos.

Llevaban uno pequeño, redondo en el antebrazo, para que en el combate cuerpo a cuerpo, tuvieran el escudo para defenderse y la espada para atacar. Pero este pequeño escudo redondo no ofrecía ninguna protección contra las flechas que eran lanzadas desde la distancia.

Así que para protegerse de las flechas, el soldado romano tenía un escudo grande y rectangular, similar al escudo antidisturbios de la policía de hoy día.

Y entonces, los soldados romanos se alineaban en grupos de soldados, con estos grandes escudos dispuestos uno al lado del otro, por delante y por detrás… y por encima, de modo que los escudos formaban una especie de caparazón protector, casi como el caparazón de una tortuga, y entonces este grupo avanzaba junto, porque sus escudos proporcionaban protección a todo el grupo.

Esa imagen, que sin duda era la que Pablo tenía en mente aquí, nos recuerda algo muy importante. Dios nunca quiso que lucháramos solos en el fragor de la batalla.

La fe de otros creyentes te fortalecerá. Tú estarás junto a ellos con tu escudo, contribuyendo a su protección, y ellos estarán junto a ti con sus escudos de la fe, contribuyendo a tu protección, en tus batallas.

Dios ha puesto a hermanos y hermanas a tu alrededor que se mantendrán firmes en la fe en el día malo, en el fragor de la batalla, cuando todo se te eche encima.

5. Mantente firme en la esperanza

«Tomen también el casco de la salvación».

La Biblia habla de la salvación en tiempo pasado, presente y futuro. Y cuando Pablo habla del casco de la salvación se refiere a la esperanza de la salvación futura.

Y eso se hace explícito en un pasaje paralelo en 1 Tesalonicenses 5:8: «Habiéndonos puesto la coraza de la fe y del amor, y por casco la esperanza de la salvación».

Piensa en cómo Jesús soportó el día malo. ¿Cómo superó Jesús la cruz? Soportó la cruz por el gozo que le esperaba.

El apóstol Pablo, cuando estaba en medio de la batalla, puso todo lo que sufría, sin evasivas, sin evasiones, sino que puso todo lo que sufría junto a la gloria futura que sería suya, y a partir de eso, concluyó que valía la pena permanecer en la batalla.

Ahora bien, tal vez no sepas cuándo terminará tu batalla. La lucha a la que te enfrentas ahora mismo, no tienes idea de cómo te liberará Dios. No lo sabes, pero esto sí puedes saberlo sin lugar a dudas, Dios te liberará.

Y un día podrás decir con el salmista…

«Me empujaste con violencia para que cayera, pero el Señor me ayudó. El Señor es mi fortaleza y mi canción, y ha sido salvación para mí». Salmo 118:13 y 14.

6. Mantente firme en la Palabra de Dios

«Tomen también el casco de la salvación, y la espada del Espíritu que es la palabra de Dios».

Ahora bien, fíjate en que aquí se describe la Biblia como la espada del Espíritu. En otras palabras, la Escritura es el medio que utiliza el Espíritu Santo para llevar a cabo su obra en tu vida.

Así que deja que la Palabra de Dios se filtre poco a poco en tu mente y en tu corazón, de esta manera, el Espíritu Santo te permitirá mantenerte firme.

Hoy hemos estado planteando esta pregunta tan importante: ¿cómo mantenerme firme cuando la batalla se libra a mi alrededor?

Hemos visto en las Escrituras que lo haces cuando enfrentas la verdad, cuando haces lo correcto, cuando descansas en la paz del Evangelio, cuando ejerces la fe junto con otros creyentes. Cuando anticipas el gozo de tu futura liberación y cuando te mantienes firme en el poder del Espíritu a través de la Palabra de Dios. Así es como te mantienes firme en medio de la batalla.

Y ahora, lo último que quiero decir hoy…

«Por lo demás, fortalézcanse en el Señor y en el poder de su fuerza. Revístanse con toda la armadura de Dios para que puedan estar firmes contra las insidias del diablo».

Gracias a Dios que aquí hay algo más que un llamado a un mayor esfuerzo. Aquí se nos dice que Dios está con nosotros en la batalla. Él está con nosotros en esta batalla y es Su fortaleza la que nos sostendrá.

La armadura de Dios es la armadura que Dios te da. La verdad que nos libera es la verdad que Él nos revela. La justicia que nos cubre es la justicia que Él nos otorga. El Evangelio en el que nos apoyamos es su Evangelio de paz.

La fe que nos protege es nuestra confianza en Él. La esperanza que nos sostiene es la anticipación de Su liberación, y la fuerza que Él nos dará proviene del Espíritu, en y a través de Su Palabra.

Así que puedes prevalecer en la batalla porque el Salvador está contigo. Sé fuerte en el Señor y en el poder de Su fortaleza.

Jesucristo es más grande que todo lo que se levanta contra ti. Él ya ha infligido una herida mortal a todos los poderes de las tinieblas, de la que nunca se recuperarán, y su fin está cerca.

Dios controla cuánto durará el día malo que estás soportando, y está contigo en la batalla, y nada te separará jamás de Su amor.

Oremos

Padre, toma la verdad de tu Palabra y por tu Espíritu hazla obrar en nuestros corazones para que seamos fortalecidos en Tu poder, para resistir en las batallas que enfrentamos. Que esto sea para tu gloria y para nuestro bien. Por estas cosas te pedimos con gratitud, en el nombre de Jesús, Amén.