Este artículo fue escrito por Linda Green.
Mi nieta de cinco años me preguntó cuánto tardaría su familia en mudarse a su nueva casa. Dado que seis semanas es un concepto difícil de comprender para una niña de cinco años, le mostré un calendario y le enseñé cuánto tiempo quedaba hasta el día de la mudanza. Ahora, cada día, a medida que marca los cuadros del calendario uno por uno, puede ver cuánto falta para que termine la espera.
No conozco a nadie a quien le guste esperar. ¿Y tú? (No lo creo). Esperar es un trabajo duro y, a veces, puede incluso poner a prueba nuestra fe. Es especialmente difícil cuando no hay garantía de que nuestra espera termine en esta vida. Los deseos que anhelamos, las oraciones que hemos estado orando y las noticias que estamos esperando oír pueden tentarnos a ser impacientes, a desanimarnos, a preocuparnos e incluso a preguntarnos si a Dios le importa.
Qué hacer mientras esperas en Dios
Tal vez por eso la Biblia habla tanto de esperar. Dios quiere que sepamos que la espera está lejos de ser una actividad pasiva en la que no hacemos nada. De hecho, las Escrituras nos enseñan que Dios quiere que participemos activamente en la obra que desea llevar a cabo. Esperar estratégicamente puede cultivar buenos frutos en nuestras vidas, como la paciencia, la perseverancia y la resistencia. También nos acerca a nuestro Salvador y muestra el evangelio a quienes nos observan.
Con ese fin, aquí hay 10 cosas que hacer mientras esperas.
1. Cree que el Dios que te salvó escucha tu clamor (Miqueas 7:7).
¿Alguna vez has sentido que tus oraciones ni siquiera llegan al techo? Tal vez, como yo, has orado durante años por una preocupación, pero Dios parecía guardar silencio. Fue en ese momento cuando demostró Su amor y misericordia, incluso hacia aquellos que antes eran sus enemigos.
El que no negó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con Él todas las cosas? (Romanos 8:32)
En otras palabras, la cruz es nuestra garantía de que Dios está con nosotros y se compromete a darnos todo lo que pediríamos si supiéramos todo lo que Él sabe. Podemos estar contentos con eso y esperar pacientemente sus respuestas.
2. Observa con expectación, pero prepárate para las respuestas inesperadas (Salmo 5:3).
Aunque Dios ha sido fiel al responder a muchas de mis oraciones, a menudo ha sido de maneras muy diferentes a las que yo hubiera anticipado. Dios sabe que la única manera de hacer lo que Él y yo deseamos, implicará, a veces, diversos grados de incomodidad en mi vida.
Crecer en humildad significa acabar con el orgullo. Aprender a amar como Jesús, requiere que digamos no a la constante búsqueda de la ambición egoísta, a querer hacer las cosas a nuestra manera y anteponernos a nosotros mismos. Crecer en paciencia implica, inevitablemente, esperar a algo o a alguien: ya sea en una larga fila en el supermercado o toda una vida esperando que un ser querido se convierta. Cuando le presentamos nuestras peticiones, es por fe que esperamos y observamos con anticipación la buena obra de Dios en nosotros y en los demás.
3. Pon tu esperanza en Su Palabra (Salmos 130:5-6).
Podemos caer en la tentación de poner nuestra esperanza en cosas que al final pueden decepcionarnos. Podemos esperar que un médico nos cure, que un profesor nos apruebe, que un cónyuge nos quiera, que nuestro jefe nos recompense o que un amigo nos ayude. Pero sólo cuando ponemos nuestra esperanza en Cristo podemos esperar con confianza y saber que no seremos avergonzados.
Parece que Dios nos permite experimentar decepciones en la vida para enseñarnos que nada más nos satisfará ni nos proporcionará un fundamento firme. Solo la Palabra de Dios es inquebrantable. Podemos esperar al Señor sabiendo que, no importa cuán oscura sea la noche, Su luz se abrirá paso en nuestras vidas y traerá abundante alegría a través de una relación más íntima con Cristo.
4. Confía en el Señor, no en tu propio entendimiento (Proverbios 3:5-6).
¿Por qué nos resulta tan tentador depender de nuestra propia sabiduría en lugar de la sabiduría de nuestro Dios omnisciente? ¿Qué nos hace pensar que sabemos mejor que Él lo que es mejor para nosotros? Las Escrituras hablan claramente sobre cómo vivir una vida abundante para siempre con Cristo; sin embargo, justificamos con demasiada facilidad nuestro pecado, declaramos irrelevantes los mandamientos que nos parecen desagradables y hacemos lo que es correcto a nuestros propios ojos. Los tiempos de espera revelan en quién depositamos nuestra confianza.
5. Resiste la inquietud, controla la ira, quédate quieto y elige la paciencia (Salmos 37:7-8).
Es fácil decir que confiamos en Dios, pero nuestra respuesta a los retrasos, las frustraciones y las situaciones difíciles revela dónde estamos depositando realmente nuestra esperanza.
- ¿Estamos convencidos de que Dios nos escucha?
- ¿Creemos que es bueno?
- ¿Aceptamos que nuestras circunstancias están ordenadas soberanamente?
- ¿Dudamos que Él realmente se preocupe por nosotros?
Cuando elegimos esperar con confianza y en silencio, no sólo honramos a Dios, sino que también animamos a otros a poner su esperanza en Él.
6. Sé fuerte y valiente (Salmo 27:13-14; 31:24).
He descubierto que una de mis mayores batallas durante las largas temporadas de espera es luchar contra el miedo y todos síntomas, como: la ansiedad, la inquietud y la preocupación. Una voz en mi cabeza me pregunta: ¿Y si pasa esto? ¿Y si Dios no responde a mis oraciones? El evangelio me ha enseñado que la fuerza y el valor duraderos nunca residen en uno mismo, sino en Cristo. Soy capaz de ser valiente cuando:
- Medito en el gobierno y el poder soberano de Dios y Su abundante bondad al enviar a un Salvador para librarme del pecado.
- Recuerdo que «esta aflicción leve y pasajera produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación…» (2 Corintios 4:17).
Jesús dijo: «Nunca te dejaré ni te abandonaré». Nunca. Él es Emanuel, Dios con nosotros. Esa es una promesa que nos sostendrá mientras esperamos las respuestas a nuestras oraciones, ¡pero aún más, mientras esperamos Su regreso triunfal!
7. Vélo como una oportunidad para experimentar la bondad de Dios (Salmo 27:13; Lamentaciones 3:25).
Cuando mi atención se centra en mis problemas y en lo que Dios me ha dado o no me ha dado, tiendo a refunfuñar, quejarme, estar insatisfecho, ser amargado y egoísta. Cuando defino la bondad por lo que me aporta más consuelo, felicidad y gratificación en esta vida, entonces cualquier cosa que amenace estas cosas me tentará a cuestionar el amor y la bondad de Dios.
Dios demostró Su bondad cuando Cristo absorbió la ira de Dios que merecíamos, abriendo un camino para que fuéramos liberados del poder del pecado y de nuestro enemigo Satanás, que busca robar, matar y destruir nuestro gozo y paz eternas. Para aquellos que tienen ojos para ver, las temporadas de espera ofrecen innumerables oportunidades para presenciar a Dios obrando en nosotros y a través de nosotros para nuestro bien eterno y Su gloria.
8. Espera en la promesa de Dios en lugar de seguir tu propio camino (Hechos 1:4).
La Escritura ofrece muchos ejemplos de santos que se cansaron de esperar a Dios y optaron por hacer las cosas a su manera. Yo también he caído en esa tentación.
¡Dios promete Su bondad para los que le esperan pacientemente! No importa cuánto tiempo. Sin importar cuán desesperanzadoras nos parezcan las cosas, incluso cuando parece costarnos todo. «Y a Aquel que es poderoso para hacer todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que obra en nosotros» (Efesios 3:20). Cuando esperamos en Él, nunca seremos decepcionados.
9. Persevera en la oración, velando en ella con acción de gracias. (Colosenses 4:2).
Otra tentación a la que nos enfrentamos cuando Dios no parece responder a nuestras oraciones es dejar de orar, dejar de esperar que actúe. Esto nos conduce a un espíritu de cinismo, que nos impide dar gracias a Dios por lo que Él es y por todo lo que ha hecho por nosotros. Aunque Dios no responda en nuestro tiempo o de la manera que esperamos, cumplirá Sus buenos propósitos en nuestras vidas si esperamos en Él y perseveramos en la oración.
10. Recuerda las bendiciones que están por venir (Isaías 30:18).
Mientras nuestra esperanza esté puesta en esta vida y en las cosas que satisfacen nuestra carne, es probable que nos sintamos frustrados, desanimados e incluso sin esperanza. Jesucristo vino a ofrecernos gozo eterno y libertad del pecado y, aunque hemos sido liberados del poder del pecado, la presencia del pecado sigue actuando en nosotros y a nuestro alrededor. Afortunadamente, el evangelio nos asegura, como creyentes, «que Dios está con nosotros y que todas las cosas cooperan para bien, para los que son llamados conforme a Su propósito» (Romanos 8:28).
Durante largas (o incluso cortas) temporadas de espera, nuestros corazones se animarán al recordar que ¡lo mejor está por venir! ¡Un día el pecado no existirá más! Seremos libres de las exigencias y tentaciones del “yo” y experimentaremos un gozo eterno. Por tanto:
Pongan la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque ustedes han muerto, y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces ustedes también serán manifestados con Él en gloria (Colosenses 3:2-4).
No serás avergonzado
Susana Spurgeon, esposa de Carlos Spurgeon, aconsejó a su propio corazón con estas palabras:
El Señor ha sembrado las páginas de la Palabra de Dios con promesas de bendición para aquellos que le esperan. Y recuerda, Su más leve palabra permanece firme y segura; nunca te fallará. Así que, alma mía, mira que tienes una promesa delante de ti, tu espera terminará y se convertirá en un apoyo sólido para tu esperanza en Aquel que ha dicho: «No serán avergonzados los que me esperan».
«Estén quietos ante el Señor y esperen pacientemente; los que esperan en el Señor heredarán la tierra. Pero en ti, Señor, espero; tú, Señor Dios mío, responderás». ¡Cristo es la respuesta! Él es tu descanso y el tesoro que buscas.
Espera en el Señor.
Crédito de la publicación: Elegidos y llamados


