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marzo 23, 2026

Lo que Jesús le dijo a María desde la cruz

Y junto a la cruz de Jesús estaban Su madre, y la hermana de Su madre, María, la mujer de Cleofas, y María Magdalena. Y cuando Jesús vio a Su madre, y al discípulo a quien Él amaba que estaba allí cerca, dijo a Su madre: «¡Mujer, ahí está tu hijo!». Después dijo al discípulo: «¡Ahí está tu madre!». Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su propia casa. Juan 19:25-27

Jesús había estado en la cruz durante tres horas y solo había hablado tres veces. ¡Tres frases en tres horas! El resto del tiempo, Jesús permaneció completamente en silencio en Su sufrimiento. Los minutos pasaban como horas; debió parecerle interminable.

¿Cómo fue para María ver a su Hijo durante esas horas? Cuando fue clavado en la cruz, Jesús alzó la vista y dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Luego, silencio. Entonces Jesús se volvió para hablar al ladrón y le dijo: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». Luego, guardó silencio otra vez. Y entonces Jesús bajó la vista y le habló a Su madre.

Cuando Jesús nació, un anciano llamado Simeón le dijo a María: «Una espada traspasará aun tu propia alma» (Lucas 2:35). Seguramente estas palabras vinieron a la mente de María cuando las manos y los pies de Jesús fueron traspasados en la cruz.

Mientras los soldados se repartían su túnica, Jesús miró con amor a Su madre. Con gran compasión le dijo: «¡Mujer, ahí está tu hijo!». Luego se volvió hacia Juan y le dijo: «¡Ahí está tu madre!» (Juan 19:26-27).

¿Cómo podría Juan reemplazar a Jesús? Quienes han experimentado la pérdida de un hijo o una hija saben que es irremplazable. Decirle a una madre que pierde a un hijo: «Al menos tienes otros hijos», es no comprender el vínculo único que existe entre una madre y el hijo al que dio a luz.

María encontró una alegría indescriptible en el nacimiento de su Hijo y, cuando Él sufrió, sintió una pérdida irreemplazable. Juan nunca podría ocupar el lugar de Jesús. Así que aquí estaba sucediendo algo más que Jesús asegurando el cuidado futuro de Su madre. La relación entre Jesús y María estaba cambiando. 

Marcos relata una ocasión en la que María y los hermanos de Jesús vinieron a buscarlo. Había una multitud sentada alrededor de Él, y le dijeron: «Tu madre y Tus hermanos están afuera y te buscan». «¿Quiénes son Mi madre y Mis hermanos?», les dijo Jesús. Y mirando a los que estaban sentados en círculo alrededor de Él, dijo: «Aquí están Mi madre y Mis hermanos. Porque cualquiera que hace la voluntad de Dios, ese es Mi hermano, y hermana y madre» (Marcos 3:32-35).

¿Qué pensó María cuando escuchó estas palabras? De alguna manera, su relación única con Jesús estaba a punto de cambiar. Habría una nueva familia que no se centraría en María, sino en Jesús.

A medida que la vida de Jesús se apagaba, la relación entre María y nuestro Señor estaba cambiando. Cuando María se encontraba al pie de la cruz, su corazón debía estar gritando: «Hijo mío, hijo mío…». Pero Jesús le decía: «No, ya no debes pensar en mí como tu hijo. Mujer, ahí está tu hijo. A partir de ahora, Juan ocupará ese lugar en tu vida».

Entonces, si Juan era ahora su hijo, ¿cómo debía María considerar a Jesús? Como su Salvador y su Señor.

Cuando el ángel le anunció a María que iba a tener un hijo, ella respondió: «Mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador» (Lucas 1:47). María veía a Dios como su Salvador, pero ¿cómo la salvaría Dios? El hijo de María murió, y en Su muerte se convirtió en su Salvador. María perdió a un Hijo irremplazable, ¡pero ganó un Salvador incomparable! Su ganancia fue mucho mayor que su pérdida.

Si María pudiera hablarnos hoy…

María lleva 2000 años en el cielo y, si pudiera hablarnos hoy, tal vez diría: «La vida que Jesús me dio es mucho mayor que la vida que yo le di a Él». «Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es» (Juan 3:6).

María tenía una relación única con Jesús, pero eso cambió en la cruz. Jesús dejó en claro que Juan ocuparía su lugar como hijo de ella. María entró en el cielo, no porque Jesús fuera su hijo, sino porque Jesús es su Salvador.

María era una mujer piadosa. Era paciente y amable, buena y sincera. María fue bendecida, pero incluso ella entró en el cielo por su fe en Jesús. Si María buscó a Jesús para que la salvara, todas las personas que han tratado de vivir una vida buena deben hacer lo mismo. No dejes que el bien que has hecho te impida aceptar a Jesús como tu Salvador.

Oración

Padre, ayúdame a ver mi necesidad
de un Salvador en la historia de María.

Tú conoces la vida que he vivido,
lo bueno y lo malo que he hecho.

Que mis buenas intenciones y obras
nunca me impidan ver mi necesidad de Jesús,
ni me impidan abrazarlo como mi Salvador.

Hoy me presento ante Ti con las manos vacías,
porque no tengo nada que ofrecerte.
Me humillo a los pies de la cruz,
confiando en que Tú me levantarás.


Este artículo es un fragmento tomado del libro Seis horas que cambiaron al mundo del Pastor Colin Smith.


Colin Smith

Fundador y Pastor de Enseñanza

Colin Smith es el pastor emérito en The Orchard Evangelical Free Church, en los suburbios de Chicago, y es un miembro del concilio de The Gospel Coalition. Es autor de varios libros, entre ellos El cielo, cómo llegué aquí: La historia del ladrón en la cruz (que también es una película), el libro El Padre Nuestro en 30 días y el podcast Una caminata por la historia bíblica. Escucha su enseñanza en el podcast de Abre la Biblia.
Colin Smith es el pastor emérito en The Orchard Evangelical Free Church, en los suburbios de Chicago, y es un miembro del concilio de The Gospel Coalition. Es autor de varios libros, entre ellos El cielo, cómo llegué aquí: La historia del ladrón en la cruz (que también es una película), el libro El Padre Nuestro en 30 días y el podcast Una caminata por la historia bíblica. Escucha su enseñanza en el podcast de Abre la Biblia.