Una comprensión adecuada de los Diez Mandamientos te llevará a la fe en Jesucristo. Si te miras honestamente a ti mismo a la luz de estos mandamientos, no tardarás en llegar a la conclusión de que estás muy lejos de la vida que Dios te ha llamado a llevar y necesitas un Salvador.
La ley te llevará a Cristo al mostrarte que necesitas tanto Su perdón por haber quebrantado Su ley en el pasado como Su fuerza para cumplirla en el futuro.
Los Diez Mandamientos son un mentor que te lleva a la fe en Cristo. Un mentor es alguien que te muestra adónde debes ir y camina contigo hasta que llegas allí. Si se comprenden correctamente, eso es lo que harán los mandamientos.
Una comprensión adecuada
Digo «comprensión adecuada» porque es posible mirar los Diez Mandamientos de forma superficial y llegar a la conclusión de que lo estamos haciendo bastante bien.
Un maestro de la ley brillante y exitoso le preguntó a Jesús: «¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?».
Nuestro Señor respondió:
«Tú sabes los mandamientos: “No mates, no cometas adulterio, no hurtes, no des falso testimonio, no defraudes, honra a tu padre y a tu madre”» (Marcos 10:19).
El maestro de la ley le dijo entonces a Jesús: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud» (Marcos 10:20).
Sospecho que el maestro de la ley realmente creía esto. El hombre había llevado una vida moralmente buena. No había matado a nadie, había sido fiel a su esposa, se había comprometido a decir la verdad, nunca había robado un banco, era un buen ciudadano honrado que usaba hilo dental y pagaba sus impuestos.
El maestro de ley quería estar seguro de ir al cielo y, puesto que daba por sentado que había cumplido los mandamientos, se preguntaba si había algo más que debía hacer. Pero el problema del maestro de ley era que no entendía la ley.
Una cuestión del corazón
Jesús dejó en claro en el Sermón del Monte que el alcance de los mandamientos va más allá de nuestras acciones: busca los pensamientos y las intenciones de nuestro corazón. Cada mandamiento identifica un pecado concreto, pero detrás de ese pecado hay muchos otros.
Tomemos como ejemplo el sexto mandamiento: No matarás (Éxodo 20:13). Imaginemos un tren que circula por una vía en la que hay muchas estaciones. El asesinato es la estación al final de la línea llamada «Conflicto». La mayoría de las personas nunca se acercarán a esa estación, pero todos hemos viajado a algún punto de esa vía.
Jesús dijo:
«Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: “No matarás” y: “Cualquiera que cometa homicidio será culpable ante la corte”. Pero Yo les digo que todo aquel que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte; y cualquiera que diga: “Insensato” a su hermano, será culpable ante la corte suprema; y cualquiera que diga: “Idiota”, será merecedor del infierno de fuego» (Mateo 5:21-22).
Las palabras abusivas son una ofensa contra el sexto mandamiento, por las cuales una persona es responsable ante Dios. El problema que esto crea no es solo que una persona pueda ser denunciada ante el Sanedrín, sino que la violación verbal del sexto mandamiento pondría a una persona en peligro de sufrir el fuego del infierno.
Esto debería llamar nuestra atención. Si el sexto mandamiento se refiere solo al asesinato, la mayoría de nosotros no tenemos por qué preocuparnos. Pero, si las palabras airadas que menosprecian a otra persona constituyen una violación del sexto mandamiento, nos encontramos ante algo mucho más cercano a nosotros.
Las enseñanzas de Jesús nos dan una comprensión adecuada de la ley. Nos alejan de la arrogancia del maestro de la ley que dijo «todo eso lo he guardado desde mi juventud» y nos acercan a la humildad que dice «¡Soy un pecador que necesita un Salvador!».
Tomemos ahora el octavo mandamiento: No robarás (Éxodo 20:15). Y de nuevo, imaginemos un tren que circula por una vía, esta vez llamada «Deshonestidad». En la última estación de esta línea hay personas que entran en las casas de otros, atracan bancos y cometen fraudes. La mayoría de la gente nunca visitará esa estación, pero todos hemos viajado a algún punto de la vía.
Robar puede definirse como el deseo de obtener todo lo que se puede dando lo menos posible. Se trata de ser alguien que toma sin ser alguien que da. Según esta definición, hay mucho robo en los matrimonios, en las familias y en las iglesias. Todo intento de obtener mucho dando poco es una violación del octavo mandamiento.
O tomemos el noveno mandamiento: No darás falso testimonio (Éxodo 20:16). Sería fácil decir: «Nunca he cometido perjurio en un tribunal, por lo que estoy en buena posición en lo que respecta al noveno mandamiento». Pero eso es pasar por alto el hecho de que cada uno de los mandamientos se refiere no solo a un pecado, sino a toda una categoría de pecados.
El Catecismo de Westminster explica con gran detalle lo que incluye el noveno mandamiento:
«Todo perjuicio a la verdad y al buen nombre de nuestro prójimo, así como al nuestro propio; dar falso testimonio; llamar a lo malo bueno y a lo bueno malo; falsificar; ocultar la verdad; guardar silencio indebido en una causa justa; calumniar; difamar; menospreciar; divulgar chismes; susurrar; burlarse; injuriar; juzgar de forma precipitada o severa; malinterpretar las intenciones, las palabras y las acciones; adular, jactarse, pensar o hablar demasiado bien o demasiado mal de nosotros mismos o de los demás, negar los dones y las gracias de Dios, agravar las faltas menores, difundir rumores falsos, recibir y tolerar informes maliciosos».[1]
Los Diez Mandamientos escudriñan los pensamientos y las intenciones del corazón. Cada mandamiento se refiere a toda una categoría de pecados, y una comprensión adecuada de la ley te llevará a decir: «Soy un pecador que necesita un Salvador».
Deja que la ley te muestre tu necesidad y te lleve a la fe en el Señor Jesucristo.
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[1] Teólogos de Westminster, Catecismo Mayor de Westminster, Reformed.org, Centro de Teología Reformada y Apologética, reformed.org/documents/wlc_w_proofs/index.html. Pregunta 145.
Este artículo es un extracto del nuevo Ebook Conocer a Dios a través de los Diez mandamientos, para profundizar más en este tema te recomendamos escuchar la serie Las 10 luchas más grandes de tu vida.


