Hace poco, una amiga y yo fuimos entrevistadas en un programa de radio sobre el libro que habíamos escrito sobre el sufrimiento. Una de las preguntas del presentador me llamó la atención: En medio del fuego purificador, ¿cómo evitamos actuar por inercia? ¿Cómo podemos tener una sensación de la abundancia que Dios nos promete?
Inmediatamente pensé en el Salmo 119:50: «Este es mi consuelo en la aflicción: que Tu palabra me ha vivificado». Y entonces respondí: «Tengo que estar en la Palabra de Dios todos los días».
Ocho razones para aferrarnos a las Escrituras en el sufrimiento
¿Estás sufriendo en este momento? ¿Dirías que, al igual que el salmista, estás afligido? Si tu respuesta es no, esta vida nos garantiza que todos sufriremos en algún grado antes de encontrarnos con el Señor. Si tu respuesta es sí, anímate; estás rodeado de una gran nube de testigos que han conocido el sufrimiento en toda su profundidad y lo han soportado.
Ya sea que la aflicción te haya tocado o devastado, Dios promete en Su Palabra ser tu ayuda, tal como lo hizo con el salmista. Ve en el Salmo 119:49-56 ocho razones para aferrarte a las Escrituras en tu sufrimiento:
1. La Escritura te dará esperanza cuando te sientas desesperanzado.
Acuérdate de la palabra dada a Tu siervo,
En la cual me has hecho esperar. (v.49)
Cuando las circunstancias parecen desesperadas, ¿cómo no vamos a tener fe? Abrimos nuestras Biblias y contemplamos el plan de salvación de Dios, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Dios nos habla a través de las Sagradas Escrituras para que conozcamos la esperanza a la que nos ha llamado (Efesios 1:18). ¿Y cuál es esa esperanza?
…y cuál es la extraordinaria grandeza de Su poder para con nosotros los que creemos, conforme a la eficacia de la fuerza de Su poder. Ese poder obró en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a Su diestra en los lugares celestiales… (vv. 19-20)
Nuestras circunstancias pueden parecer desesperadas, pero las Sagradas Escrituras nos recuerdan que no lo son. Dios resucitó a Jesús de entre los muertos y, con ese mismo poder, ¡nos resucitará a nosotros algún día para gloriarnos en Su presencia!
2. Las Escrituras corregirán tu perspectiva cuando vengan las pruebas.
Este es mi consuelo en la aflicción:
Que Tu palabra me ha vivificado. (v.50)
El sufrimiento nos recuerda que este mundo no es nuestro hogar. Nos demuestra que nuestro más grande consuelo no puede estar en las posesiones, los planes o las personas, porque todo eso nos puede ser arrebatado. Entonces, cuando llega la aflicción, ¿a dónde acudimos en busca del verdadero consuelo?
El salmista ora en su aflicción: «Ahora sé que el verdadero consuelo se encuentra en la realidad eterna de que mi alma está a salvo gracias a tu salvación. Y ninguna aflicción puede despojarme de Él». La promesa de Dios de la vida eterna nos da la perspectiva correcta cuando llegan las pruebas.
3. Las Escrituras te protegerán del mal al que el sufrimiento nos expone.
Los soberbios me insultaron en gran manera,
Sin embargo, no me he apartado de Tu ley. (v.51)
¿Cómo reaccionamos ante el sufrimiento? Nos resistimos, renegamos, nos amargamos, nos enojamos, ignoramos los problemas o adormecemos el dolor. Y, en el peor de los casos, rechazamos a Dios. Esto no quiere decir que no debamos reaccionar ante el sufrimiento o que cada una de estas respuestas sea pecaminosa; el dolor, la confusión y el lamento son emociones bíblicas y debemos llevarlas a Dios, incluso las más descontroladas.
Pero, por lo general, el sufrimiento pone al descubierto el pecado. Como un martillo que va limando las impurezas de nuestro corazón, nuestro Dios utiliza el sufrimiento para librarnos del pecado y restaurar en nosotros un espíritu manso y sometido a Su obra purificadora. Aunque la carne, el mundo y el enemigo se burlen de nosotros para apartarnos de Dios, la Escritura nos protege con la verdad. Dios nos conduce a Su Hijo, el único que cumplió perfectamente Su ley, y nos cubre con esta perfección cuando confiamos en Él.
4. La Escritura te anclará en realidades eternas.
Me acuerdo de Tus ordenanzas antiguas, oh Señor,
Y me consuelo. (v. 52)
A lo largo de toda la Escritura, Dios y su Palabra siguen siendo los mismos. Él no cambia, aunque nuestras circunstancias sí lo hagan. Cuando llegan las pruebas, la gente nos decepciona y el futuro se ve incierto, podemos consolarnos con las «reglas de antaño» de Dios, ¡qué bálsamo para nuestras almas!
Podemos elegir abrir nuestras Biblias cada día para «pensar» o «meditar» en la Palabra de Dios. Las Sagradas Escrituras, como un ancla segura y firme, nos fundamentan en realidades eternas cuando las temporales amenazan con abrumar nuestra mirada y sacudir nuestra confianza. Nuestro consuelo en la aflicción es que servimos a un Dios inamovible, incluso en circunstancias imposibles.
5. La Escritura cambiará tus afectos.
Profunda indignación se ha apodera
do de mí por causa de los impíos
Que abandonan Tu ley. (v.53)
En medio de la aflicción, puede parecer que el sufrimiento es nuestro mayor problema, pero en realidad lo es el pecado. El sufrimiento puede destruir nuestros cuerpos, pero el pecado destruye el alma.
Una gran bendición del sufrimiento, es, por tanto, que nos muestra la enfermedad más profunda del alma de la que hemos sido rescatados por Cristo. Cuanto más veamos la gravedad del pecado en la Palabra de Dios, más empezaremos a odiarlo como lo odia Dios. Él usará la Escritura como un instrumento para conformar y cambiar nuestros afectos a medida que veamos y amemos cada vez más Su bondad.
6. Las Escrituras te llevarán a alabar incluso en tu extravío.
Cánticos para mí son Tus estatutos
En la casa de mi peregrinación. (V. 54)
«Estar de paso» es ser un extraño en la tierra, vagar por un lugar que no es realmente nuestro hogar. Todos nosotros estamos de paso, pues esperamos una patria mejor. En casa con Jesús, estaremos establecidos, seguros y satisfechos, finalmente y para siempre.
Hasta ese día, moramos en nuestras casas terrenales, enfrentándonos a los desafíos de esta vida. Pero aquí el salmista proclama cómo es capaz de alabar a Dios en tal incertidumbre: ¡la Escritura! La Palabra de Dios ha sido un estímulo para la adoración, su canción en el sufrimiento. También necesitamos que Dios sintonice nuestros corazones con Su verdad y Sus planes a través de las Escrituras, para que nosotros también podamos cantar en tiempos de sufrimiento.
7. La Escritura te ayudará a soportar la oscuridad.
Por la noche me acuerdo de Tu nombre, oh Señor,
Y guardo Tu ley. (v.55)
En los momentos más difíciles, cuando parece que ni siquiera hay un rayo de luz, el sufrimiento sacude nuestra fe y nos hace dudar de la bondad de Dios. Pero las Escrituras nos ayudarán a recordar la verdad para que podamos resistir.
La Palabra de Dios es nuestro salvavidas, que nos conduce a la verdad cuando las pruebas nos tientan a creer mentiras. Y es nuestro alimento y agua, cuando la aflicción agota nuestra fuerza espiritual. «En la noche», corre hacia la Palabra, recuerda todo lo que Dios te ha dicho y prometido en Jesús, y soportarás la oscuridad.
8. Las Escrituras sostendrán tu obediencia.
Esto se ha hecho parte de mí:
Guardar Tus preceptos. (v.56)
El sufrimiento dificulta la obediencia. Cuando todo lo que queremos hacer es controlar nuestras circunstancias, amargarnos, ignorar el dolor, volvernos hacia nosotros mismos o desesperarnos, la Palabra de Dios nos ayudará a resistir estas cosas para caminar en Su Espíritu. Al fijar nuestra mirada en Cristo, seremos transformados a Su semejanza y llenados de fuerza espiritual para la obediencia y la fe, lo cual es una bendición de la mano de Dios.
El sufrimiento y las Escrituras van de la mano. Así que aférrate hoy a la Palabra de Dios, búscalo en las páginas de tu Biblia, y serás consolado, incluso en tu aflicción, por la promesa divina de vida en Jesucristo.



