Es difícil hablar sobre la pérdida. Y también puede ser difícil escuchar cuando alguien habla de su dolor. Pero Dios ha llamado a Su pueblo a llorar juntos.
«Gócense con los que se gozan y lloren con los que lloran» (Romanos 12:15).
Lamentaciones nos da una imagen de lo que significa que las personas en duelo hablen y que otros escuchen. Todo el libro es un desahogo continuo de dolor en el que los detalles dolorosos de todo lo que ha sucedido, y todo lo que se ha perdido, se derraman una y otra vez.
Si lees Lamentaciones de principio a fin, notarás la repetición. El duelo es así. No es lineal. Regresa una y otra vez al mismo punto. Cada detalle de lo sucedido se revive.
Una persona en duelo a menudo quiere hablar incluso del detalle más pequeño de su pérdida. Imagina un jarrón u objeto valioso que cae al suelo y se rompe en pedazos. La mujer que lo amaba se arrodilla y recoge los pedazos uno por uno. Observa cada pieza detenidamente, dándoles vuelta, como si tratara de recordar dónde encajaban. Cuando escuchas a una persona en duelo, puede que te parezca que los detalles que te cuenta son insignificantes. Pero forman parte de algo sumamente valioso y muy querido.
¡Sé pronto para escuchar!
Donald Howard escribe sobre la importancia de escuchar a quienes están de duelo:
Deja que hablen los afligidos. Frases como: «Seguro que a menudo piensas en cuando hacían tal o cual cosa juntos…» son formas de iniciar una conversación.1
En realidad, a menudo ocurre lo contrario. Una viuda está hablando con amigos y uno de ellos recuerda una historia graciosa sobre su esposo. Pero se abstiene de contarla por consideración hacia la viuda. Si la hubiera contado, probablemente ella habría reído; quizá con lágrimas en los ojos, pero le habría parecido maravilloso que su esposo aún fuera recordado.
Habla, no te contengas
Llorar con los que lloran tiene dos aspectos. En primer lugar, debe haber hermanos y hermanas en Cristo dispuestos a escuchar. Y, en segundo lugar, quien está de duelo debe estar dispuesto a dejar que algunos hermanos o hermanas compartan su dolor.
Quienes están de duelo se preguntan: ¿Alguien más lo recuerda? ¿A alguien más le importa? Así que no tengas miedo de hablar de alguien que ha muerto con la persona que lo amaba. Puedes consolar a una persona en duelo ayudando a mantener vivo el recuerdo de su ser querido.
Eso no es fácil. Tu primer impulso en el duelo puede ser poner una cara valiente y decidir llorar a solas. Pero eso no es lo que encontramos en Lamentaciones.
Dios llama a tus hermanos y hermanas a llorar contigo. Entonces, ¿con quién compartirás tus lágrimas? ¿A quién permitirás compartir tu dolor y tu pérdida?
Las personas sabias eligen con cuidado con quién comparten sus pensamientos más profundos. Algunos saben escuchar mejor que otros. Algunos tienen más compasión. Y quienes han pasado por el valle del dolor pueden comprender tu pérdida más profundamente que quienes aún no han atravesado esa experiencia.
Pero nunca es el propósito de Dios que alguno de Sus hijos enfrente el duelo solo. Dios ha llamado a tus hermanos y hermanas en Cristo a llorar contigo. Así que permite que otros entren en tu duelo, tu dolor y tu pérdida.
Un escritor cuenta la historia de G. K. Chesterton, cuya hermana Beatrice murió a los ocho años. El padre de Chesterton reaccionó «girando la foto de Beatrice hacia la pared, deshaciéndose de todas sus pertenencias y prohibiendo a cualquiera que mencionara su nombre».2
Afortunadamente, hoy nuestra cultura reconoce mucho más la importancia de hablar del dolor y la pérdida. Pero una persona en duelo solo puede hablar de su dolor si hay otros dispuestos a escuchar. Siempre hay dos lados en esta realidad.
Puedes hablar con Jesús sobre tu pérdida
Hay muchas afirmaciones maravillosas en la Biblia sobre por qué Jesucristo vino al mundo. En una de ellas, el Mesías dice: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para… vendar a los quebrantados de corazón… consolar a todos los que lloran… para que sean llamados robles de justicia» (Isa. 61:1-3). Cristo vino al mundo para que puedas permanecer firme y resistir en medio de tu dolor como un roble. Vino para que no seas destruido por él.
Nuestro Señor conoce bien el dolor y está familiarizado con el sufrimiento (Isaías 53:3). En el huerto de Getsemaní dijo: «Mi alma está muy afligida, hasta el punto de la muerte» (Mateo 26:38). Cuando tu alma esté abrumada por el dolor, recuerda que tu Salvador ha estado allí. Jesús sabe lo que es llorar.
Y Jesús es el Salvador con quien puedes hablar. No puedes hablar con tu ser querido que ha muerto, porque hay una gran separación entre este mundo y el otro. Pero si tu ser querido estaba en Cristo, él o ella está con el Salvador, y tú puedes hablar con el Salvador acerca de tu ser querido que ahora está en Su presencia. Puedes decirle al Señor cuánto lo extrañas. Puedes decirle cuánto la amas. Y puedes hacerlo sabiendo que esa persona está muy cerca de Aquel con quien estás hablando.
El Salvador sabe lo que es caminar por el sendero del dolor. Cuando pases por el valle de la tristeza y la pérdida, estarás en un lugar donde Cristo puede ser encontrado. Y cualquier camino en el que te acerques más a Jesús será bendecido, incluso si es un camino que nunca habrías elegido recorrer.
Para profundizar más en este tema te recomendamos la serie Esperanza para tiempos de duelo.
1. Donald Howard, Los cristianos también sufren (Edimburgo: Banner of Truth, 1980), p. 25.
2. Peter Barnes, «La pérdida de un hijo», Banner of Truth: Número 292, enero de 1988, p. 17.


