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mayo 24, 2026

Siete bendiciones para los pobres en espíritu

«Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos». Mateo 5:3

En el libro Las Bienaventuranzas de Jesús: Impulso para avanzar en la vida cristiana, el pastor Colin comparte una definición de lo que significa ser pobre en espíritu:

«Los cristianos verdaderos conocen su propia pobreza. Miran a Jesús en busca de lo que no tienen y encuentran en Él todo lo que necesitan».

Ser pobre en espíritu es algo que Dios bendice. En su capítulo sobre “ser pobre en espíritu” de Las Bienaventuranzas de Jesús, el pastor Colin describe esta actitud como acercarse a Dios con las manos vacías, esperando humildemente recibir lo que solo Él puede dar. Más adelante, comparte las siguientes siete bendiciones para los creyentes con manos vacías.

1. Las manos vacías te liberan de la idea de que Dios te debe algo

Las manos vacías te liberan de la idea de que Dios te debe algo Dios es tu Creador. Eso significa que Él es tu dueño y que tú tienes un deber hacia Él. Sin embargo, es fácil, especialmente en nuestra cultura, olvidar esto y convencernos de la idea de que Dios es quien tiene un deber hacia nosotros. Creemos que somos nosotros quienes deberíamos escribir la descripción del trabajo para Dios, una especie de Diez Mandamientos de lo que requerimos de Él: «Proveerás un nivel de ingresos que sustente el estilo de vida que hemos elegido. Tú nos darás gozo y plenitud en relaciones mutuamente satisfactorias. Tú protegerás a nuestros seres queridos de los sufrimientos que otros experimentan en este mundo». ¡Ay de Dios si no cumple nuestras expectativas!

¿Ves cómo el orgullo está presente en toda esta manera de pensar? El orgullo dice: «Yo le di algo a Dios y ahora Él me debe a cambio algo más grande y mejor». Mientras tu corazón permanezca ahí, estarás en un camino que te conduce a la amargura, la decepción y el resentimiento.

La bendición de Dios no pertenece a quienes enumeran sus exigencias, sino a los pobres en espíritu, quienes se humillan delante de Él.

La persona que es pobre en espíritu dice: «Le debo todo a Dios y no puedo darle nada. Dios no me debe nada y, sin embargo, me lo ha dado todo». Cuando eres pobre en espíritu, eres libre de la mentira de que Dios te debe algo mejor de lo que tenías en el pasado e incluso mejor de lo que tienes ahora.

2. Las manos vacías te colocan en la posición correcta para pedir y recibir en oración

Thomas Watson dice: «Un hombre pobre siempre está pidiendo» y también: «Quien es pobre en espíritu es muy dado a la oración». Las personas que conocen su propia necesidad mantienen una vida de oración activa y, cuando oran, ¡piden!

Jesús contó una historia acerca de un fariseo y un recaudador de impuestos (Lucas 18:9–14). Ambos oran, pero sus oraciones son muy distintas. El fariseo ora acerca de sí mismo: «Dios, te doy gracias porque no soy como los demás: estafadores, injustos, adúlteros» (Lucas 18:11).

Lo llamativo de la oración de este hombre es que no pide nada. No pide nada y no recibe nada. ¿Por qué no pide? Porque en su corazón cree que ya tiene lo que necesita. Este hombre no es pobre en espíritu.

En cambio, el recaudador de impuestos pide con la cabeza inclinada y avergonzado: «Dios, ten piedad de mí, pecador» (Lucas 18:13).

El recaudador le pide a Dios porque conoce su propia necesidad; Él es pobre en espíritu. Jesús dice que este hombre, y no el otro, regresó a su casa bendecido, justificado y perdonado.

3. Las manos vacías te ayudarán a soportar la aflicción

El apóstol Pedro escribe a los cristianos que vivían en medio de una cultura que, al igual que la nuestra, se estaba volviendo rápidamente hostil hacia ellos: «No se sorprendan por el fuego de prueba que en medio de ustedes ha venido para probarlos, como si alguna cosa extraña les estuviera aconteciendo» (1 Pedro 4:12).

¿Cómo te preparas cuando sabes que te esperan pruebas como cristiano? Te humillas bajo la poderosa mano de Dios, porque «Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes» (1 Pedro 5:5–6).

Dios se me opondrá si doy lugar al orgullo y estaré bajo Su disciplina. «Abominación al Señor es todo el que es altivo de corazón» (Proverbios 16:5). ¡Abominación! Así que Dios se interpone en el camino de los orgullosos y se opone a ellos, pero a los humildes les da Su gracia. La humildad quizá no sea la primera estrategia que se te ocurra para encontrar fortaleza frente a la dificultad, pero puesto que Dios concede Su gracia a los humildes, es lo que te ayudará a perseverar en los tiempos de prueba.

4. Las manos vacías alimentarán tu amor por los demás

El orgullo siempre busca lo suyo y se irrita con facilidad; es lo opuesto al amor, que no se jacta y «no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido» (1 Corintios 13:5). El orgullo es como un balde de agua derramado sobre el fuego del amor en cualquier matrimonio. La humildad, en cambio, puede avivar las brasas moribundas del amor y convertirlas de nuevo en una llama.

Si estás en una relación marcada por la tensión o en una relación tan quebrada que te hace preguntarte si el amor podría alguna vez ser restaurado, considera esto: la historia más grande de reconciliación de una relación rota es la historia de cómo Dios se reconcilia con nosotros por medio de Jesucristo. ¿Cómo llevó a cabo Cristo esa reconciliación? El primer paso del Salvador fue humillarse a Sí mismo (Filipenses 2:8). Él tomó la forma de siervo; así fue como inició la gran reconciliación. Cristo nos dice que la actitud que hubo en Él debe ser también nuestra actitud (Filipenses 2:5). El amor se ahoga entre las malezas del orgullo, pero crece y florece en el terreno de un corazón humilde.

5. Las manos vacías te fortalecerán para vencer la tentación

Ya hemos señalado que ser pobre en espíritu es una bendición de entrada: un punto de acceso que conduce a otras bendiciones. De igual manera, el orgullo es un pecado de entrada que abre la puerta a muchos otros pecados. Leemos en el libro de Proverbios: «Delante de la destrucción va el orgullo, y delante de la caída, la arrogancia de espíritu» (Proverbios 16:18). La versión del Nuevo Testamento de esta misma verdad es esta: «El que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga» (1 Corintios 10:12).

Ahora bien, si el orgullo conduce a la caída, lo lógico es que la humildad te ayude a permanecer. Cuando sabes que tu carne es débil, velas y oras para no caer en tentación (Mateo 26:41). Cuando te esfuerzas por buscar la humildad, das un golpe directo al pecado maestro del orgullo y al mismo tiempo, debilitas el poder de muchos otros pecados, abriendo la puerta a muchas otras bendiciones.

6. Las manos vacías te librarán de la tiranía del yo

El «yo» tiene varias maneras de hacerte su esclavo. Por eso, si el énfasis en el orgullo que se hace a lo largo de este capítulo te ha resultado ajeno, quizá no estés dominado por el amor propio, sino atrapado por el autodesprecio.

El autodesprecio es una lucha dolorosa para algunas personas. Si esta es tu batalla, sabes lo que es despertar sintiendo odio hacia ti mismo y en algún momento, puede que hayas pensado incluso en hacerte daño. Aunque el autodesprecio pueda parecer muy distinto del amor propio, ambos son expresiones de la misma obsesión con el yo.

A. W. Tozer lo expresó con claridad: «El yo, ya sea en arrogancia o en menosprecio, no puede ser otra cosa que detestable delante de Dios. La jactancia es una evidencia de que estamos complacidos con el yo; el menosprecio hacia ti mismo, de que estamos decepcionados de él».

El punto de Tozer es simple: tanto el orgullo como el autodesprecio están igualmente centrados en el yo. Al final, no hay mucha diferencia entre destruirte mediante tu jactancia o destruirte mediante el autodesprecio. El yo puede exaltarte o el yo puede condenarte, pero en ambos casos el yo tiene el control, y el yo siempre será un tirano. Pero si cultivas la humildad, ese tirano será derrocado.
Como señala Tozer:

El cristiano victorioso ni se exalta ni se menosprecia a sí mismo. Sus intereses han pasado de centrarse en sí mismo para centrarse en Cristo. Lo que es o deja de ser ya no le preocupa. Él cree que ha sido crucificado con Cristo y no está dispuesto ni a elogiar ni a denigrar a tal hombre.

7. Las manos vacías te conducirán a adorar a Jesús

Cuanto más te mires a ti mismo, menos mirarás a Cristo; y cuanto más fijas tu mirada en Cristo, menos te mirarás a ti mismo. Spurgeon dice: «Cristo nunca será precioso hasta que seamos pobres en espíritu. Debemos ver primero nuestras propias carencias antes de poder apreciar Su riqueza; el orgullo ciega los ojos, y solo la humildad sincera puede abrirlos; de lo contrario, las bellezas de Jesús permanecerán para siempre ocultas para nosotros».

Cuando reconoces la pobreza de tu posición delante de Dios, el regalo de Jesucristo te parecerá abrumadoramente glorioso y ver todo el bien que encuentras en Él, te conducirá a la adoración.

Esta está la diferencia entre un hipócrita y un cristiano verdadero: quienes están lejos de Dios hacen mucho de sí mismos, mientras que quienes viven cerca de Dios hacen mucho de Jesucristo. Los que están lejos de Dios se concentran en lo que están haciendo para Él; los que viven cerca de Dios encuentran su gozo en lo que Él está haciendo por ellos. Se unen a Pablo al decir: «Pero jamás acontezca que yo me gloríe, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo» (Gálatas 6:14).


Este artículo es un fragmento del libro, Las Bienaventuranzas de Jesús: Impulso para avanzar en la vida cristiana. Para profundizar más en este tema tenemos un audio libro disponible y una guía de estudio.


Colin Smith

Fundador y Pastor de Enseñanza

Colin Smith es el pastor emérito en The Orchard Evangelical Free Church, en los suburbios de Chicago, y es un miembro del concilio de The Gospel Coalition. Es autor de varios libros, entre ellos El cielo, cómo llegué aquí: La historia del ladrón en la cruz (que también es una película), el libro El Padre Nuestro en 30 días y el podcast Una caminata por la historia bíblica. Escucha su enseñanza en el podcast de Abre la Biblia.
Colin Smith es el pastor emérito en The Orchard Evangelical Free Church, en los suburbios de Chicago, y es un miembro del concilio de The Gospel Coalition. Es autor de varios libros, entre ellos El cielo, cómo llegué aquí: La historia del ladrón en la cruz (que también es una película), el libro El Padre Nuestro en 30 días y el podcast Una caminata por la historia bíblica. Escucha su enseñanza en el podcast de Abre la Biblia.