Este artículo se basa en un sermón de Colin Smith sobre las palabras de Joel 2:28–29 y comparte una definición sencilla de la profecía, junto con algunas maneras prácticas en que la vemos en la vida de la iglesia hoy.
»Y sucederá que después de esto,
Derramaré Mi Espíritu sobre toda carne;
Y sus hijos y sus hijas profetizarán,
Sus ancianos soñarán sueños,
Sus jóvenes verán visiones.
»Y aun sobre los siervos y las siervas
Derramaré Mi Espíritu en esos días. Joel 2:28–29
La profecía como obra cotidiana del Espíritu
Joel dice que cuando Dios derrame Su Espíritu, «sus hijos y sus hijas profetizarán».
Aquí comparto una definición simple de profetizar:
Ser impulsado por Dios para hablar la palabra correcta en el tiempo correcto de la manera correcta.
Muchos creyentes han experimentado esto sin pensarlo de esa manera. Sucede entre el pueblo de Dios y es maravilloso. Puede ocurrir en el pasillo o durante el sermón: alguien te dice algo que es justo lo que necesitabas oír, y es tan acertado que llegas a la conclusión de que fue Dios quien lo impulsó de una manera muy especial a decírtelo. Sales del servicio y dices: «Dios tenía algo para mí hoy y fue muy especial.»
Esto también sucede en nuestras conversaciones privadas. Quizás sea Dios quien, por medio de ti, esté diciendo algo realmente valioso a otro hermano o hermana, y puede que no sepas cuán valioso es. Cuando poseemos el Espíritu Santo, este tipo de cosas suceden entre el pueblo de Dios.
El don de profecía en la vida de la iglesia
No solo ocurre en conversaciones informales, sino también dentro de nuestras estructuras ministeriales. Equipos que luchan con una decisión discuten durante un tiempo, y entonces alguien que ha estado sentado en silencio dice: «Creo que el corazón del asunto es éste, y lo que deberíamos hacer es esto». Cuando esa persona habla, toda la sala siente que es absolutamente cierto. Es como un regalo del Señor para todo el grupo.
No siempre es la misma persona, porque no se trata de una habilidad exclusiva. A medida que las personas caminan con Dios, Él las usa de maneras maravillosas para decir lo que debe ser dicho, en la forma y en el momento correcto, avanzando así en el propósito de Dios.
Lloyd Ogilvie, escribiendo como pastor, dijo que «los evangelistas más dinámicos de mi congregación son aquellos que piden y reciben el don de la profecía… No tienen monólogos prefabricados que aburren a la gente; saben escuchar, se interesan genuinamente y empatizan con amor. El Espíritu les da la sabiduría para saber qué decir, cuándo decirlo y la valentía para ser honestos, personales e incisivos.»
Ogilvie señala que esto es un don, pero es Dios quien lo hace. Las personas más útiles en el avance de la evangelización personal son las que oran por este don, y Dios se lo concede. Y esto es precisamente lo que Joel dice que sucede cuando el Espíritu es derramado: palabras impulsadas por Dios, dichas en el momento y la manera correctos, que edifican y guían a Su pueblo.
Escucha el mensaje Una fe que va más allá de creer, Parte 1 de la serie Restaurados en el podcast de Abre la Biblia:


