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Jesucristo superará cualquier barrera para alcanzarte. El pastor Colin continúa explicando cómo Jesús hizo esto por la mujer en el pozo. Pasaje: Juan 4


Sí, así es. Es fácil tener la idea de que el cristianismo es sólo para cierto tipo de personas. Y el Señor Jesucristo deja muy claro en la historia que estamos viendo hoy que el evangelio es para todos. Sin importar su origen, hay buenas noticias en Jesucristo.

Esta mujer no era judía y no había vivido una vida moral. Por eso era demasiado difícil que estuviera en la lista de personas que se convertirían en seguidores del Señor Jesucristo.

Y, sin embargo, Jesús supera todas las barreras para llegar a ella. Ese es el Jesús de la Biblia. Él está listo para vencer toda barrera para alcanzarte.

¿Cómo es el camino de la fe para alguien que está muy, muy lejos? Permítanme repetirles tres palabras muy sencillas.

La primera es: esperanza.El versículo 14 dice: “pero el que beba del agua que Yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que Yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua que brota para vida eterna«.

Quiero que te fijes por dónde empieza Jesús. ¿Esta persona está demasiado lejos? Bueno, Jesús empieza por la gran sed de su alma.

Hay una gran sed en todas las almas humanas. Todos tenemos una sensación de anhelo por lo que aún no hemos obtenido, recibido, disfrutado o encontrado en nuestras vidas.

Y Jesús habla de esto. Es lo primero que hace, habla de fuentes de agua. Es decir, una fuente de alegría, una fuente de satisfacción, paz, amor y plenitud.

Y Jesús lo deja muy claro, fíjate en el versículo 14, lo dice dos veces, que esto es algo que Él da. “El que beba del agua que Yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré…”. Así que Jesús dice, hay una fuente de gozo y paz, y yo te la puedo dar.

Y más que eso, Jesús dice: “cuando Yo la doy, puede estar en ti”, y se refiere a un manantial de agua en Él. “Puedo dar una alegría que estará en ti, puedo dar un amor que estará en ti, puedo dar una paz que estará en ti”.

Eso es lo que Él está diciendo. Y no sólo por un tiempo, porque dice que el manantial de agua estará brotando para vida eterna. En otras palabras, nunca terminará. Este regalo siempre será tuyo, en la vida, en la muerte, para siempre.

Ahora nota que Jesús habla de la sed de esta mujer antes de hablar de sus pecados.

Sé que Jesús trató con diferentes personas y les habló de maneras muy distintas, pero creo que es significativo que con esta mujer que está tan lejos de la verdad, con tantas barreras que superar, Él no comienza con sus pecados. Comienza por su sed.

Nadie se apartará de sus pecados a menos que tenga la esperanza de algo mejor. Recuerda al hijo pródigo. En esa historia, termina en un país lejano, gasta todo su dinero, termina comiendo lo mismo que los cerdos.

Está en un estado horrible. Y finalmente entra en razón, dice la Biblia, y piensa: “bueno, me levantaré e iré a ver a mi padre, y tal vez me haga uno de sus jornaleros”.

Así que tiene alguna esperanza de que su vida mejore si vuelve con su padre. Pero piensa en esto conmigo.

Si el hijo pródigo hubiera sabido que cuando estuviera a la vista de la casa, el Padre no lo estaría esperando, sino que correría hacia él, lo abrazaría y lo besaría y le pondría una túnica en la espalda y un anillo en el dedo y mataría al becerro gordo para hacer la mayor fiesta en celebración de su regreso… ¿no habría vuelto antes al Padre? ¿No habría caminado más deprisa?

Por supuesto que lo haría, porque el cambio siempre comienza con la esperanza. Abandonar tu pecado se hace posible cuando conoces la gracia que Dios tiene reservada para ti.

Y esta mujer no lo sabía. Ella no conocía el don de Dios, y por eso Jesús empieza con esta gracia. Lo que Dios puede darte, ahí es donde Él comienza. Cuando sabes que la gracia te espera, serás libre para confesar los pecados que has ocultado.

Cuando sabes que te espera el perdón y la bienvenida del Padre, te sentirás atraído con una urgencia por volver. Cuando conozcas el amor del Padre por ti, no endurecerás tu corazón y tu mente contra Él.

Y aquí hay una maravillosa esperanza en lo que Jesús le dice a esta mujer: mira, tu vida puede ser más de lo que ha sido. Yo puedo dar a tu vida algo que aún no has conocido.

Hay un gozo y una satisfacción que pueden ser tuyos. Eso es lo que Jesús está diciendo. Él está dispuesto a hacer esto por ti, y también es capaz de hacerlo. Así que Jesús la convence primero con esperanza.

Segunda palabra, sinceridad. Versículo 16, “Jesús le dijo: ‘Ve, llama a tu marido y ven acá’’”. Aquí uso la palabra sinceridad porque este es el momento, y es un momento necesario, en el que la conversación se vuelve fuertemente personal.

Y Jesús dice, ahora, vamos a tener una conversación honesta sobre lo que realmente está pasando en tu vida. Vayamos al fondo del asunto, porque todavía no hemos llegado a un punto en el que te hayas sincerado sobre lo que realmente está pasando dentro de ti.

Y como ves, Jesús está llevando a esta mujer a un punto donde ella puede llegar a una mayor franqueza con Él, y no solo hablar de las cosas en términos generales.

Ella ya dijo en el versículo 15: “Señor, dame esta agua para que no tenga sed ni venga hasta aquí a sacarla«. Como ves, no creo que ella haya entendido todavía de qué está hablando Jesús, pero al menos ha despertado su interés. La mujer samaritana quiere saber más, no se sienta ahí con desprecio.

Nuestro corazón empieza a abrirse. Y en el punto donde la esperanza comienza a abrir el corazón, Jesús dice: “bueno ahora tenemos que tener una conversación realmente honesta”.

Me encanta la dulzura de Jesús. Si la mujer ha de recibir algo del Señor en su vida llena de tristeza, ella tiene que llegar al punto de ser abierta y honesta con Él, y Jesús la ayuda a llegar a ese punto diciéndole: «Ve, llama a tu marido«.

Por supuesto, eso la lleva a decir: “No tengo marido”, lo que por supuesto Jesús ya sabía en Su sabiduría divina. Y Él responde en el versículo 17, “Bien has dicho: ‘No tengo marido’, porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad”.

Por cierto, ¿no está muy, muy claro ahí mismo que vivir como marido y mujer con alguien que no es tu marido o tu mujer, no honra a Dios?

Pues bien, en el versículo 19, la mujer responde a esto diciendo: “Señor, me parece que Tú eres profeta”. Un profeta era alguien a quien Dios le había dado conocimiento de algo que no podía saberse de otra manera.

Como Natán, que acudió a David y le expuso, porque era profeta, el pecado que David había intentado encubrir.

Así que en este punto la mujer está pensando: “oh, me he encontrado con un profeta. Me he encontrado con alguien que ve a través de mí y sabe todo sobre mí y por lo tanto ha venido a hablarme de mis pecados”.

Esto es verdad. Jesús es profeta, Él sabe todo acerca de ti. Él es El Profeta, Él es Dios en la carne, y por lo tanto no hay nada que esté oculto para Él.

Él es Aquel ante quien todos los corazones están abiertos y a Quien ningún secreto se le oculta jamás. Pero, ¿no das gracias a Dios conmigo porque Él es más que un profeta? ¿No agradeces hoy a Dios conmigo que haya hecho algo más que hablarnos de nuestros pecados?

Ha venido a salvarnos de nuestros pecados. Por eso la palabra Salvador es tan maravillosa en relación con el Señor Jesucristo. Profeta es algo bueno, Salvador es algo infinitamente mejor, y sólo Jesucristo es El Salvador.

Así que, con su conciencia ya despierta, esta mujer quiere saber qué puede hacer. Y en el versículo 20 le dice: “‘Nuestros padres adoraron en este monte, y ustedes dicen que en Jerusalén está el lugar donde se debe adorar’”.

Ahora me pregunto qué piensas tú sobre el rumbo de la conversación aquí. Algunos comentaristas dicen que esto parece ser una distracción.

Jesús, me estás hablando sobre mi vida, de mi quebrantamiento y de mi pecado. Dejemos ese tema y tengamos una conversación teológica sobre cuál es el lugar correcto para Así pues, algunas personas piensan que se trata simplemente de una evasión, una táctica de distracción por parte de la mujer para cambiar el tema de la conversación. Yo no lo creo.

Creo que esta mujer ve su necesidad y realmente quiere hacer algo al respecto. Para mí, la conversación fluye más bien así: “De acuerdo Jesús, me estás diciendo que no he vivido la vida que Dios me llama a vivir. Me estás diciendo que no estoy viviendo esa vida ahora mismo”.

“Lo entiendo, mi vida ahora mismo no es lo que Dios me llama a ser. Entonces, ¿qué puedo hacer? ¿Dónde puedo encontrar a Dios? ¿Cómo puedo arreglar las cosas con Él? ¿Puedo ofrecer un sacrificio aquí en esta montaña donde nuestros padres lo han hecho, o me estás diciendo que ahora tengo que ir a Jerusalén? Pero dime ¿qué es lo que tengo que hacer? ¿Dónde puedo encontrar a Dios? ¿Cómo puedo buscarlo?”

Y verás, la respuesta de nuestro Señor es maravillosa porque en efecto Jesús está diciendo; “me estás haciendo la pregunta, ¿dónde puedes ir y buscar a Dios? Pero quiero decirte que la maravillosa verdad es que ahora mismo Dios te está buscando a ti”.

Jesús está diciendo, “me estás haciendo la pregunta, ¿dónde puedes ir y buscar a Dios? Pero quiero decirte que la maravillosa verdad es que ahora mismo Dios te está buscando a ti”.

Y, por supuesto, ese es el punto del versículo 23, que nos lleva al tercer tema: Jesús habla del llamado de Dios para ella.

Versículo 23: “Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que lo adoren”.

Cuando su conciencia despierta, la pregunta de la mujer es: ¿qué puedo hacer? ¿Adónde debo ir? ¿Cuál es el lugar adecuado para ofrecer un sacrificio?

Pero Jesús responde a su pregunta no en términos de lo que Dios quiere que haga, sino en términos de lo que Dios la llama a ser. Es un cambio de categoría.

Olvídate de hacer, hablemos de ser. Hablemos de lo que Dios quiere que llegues a ser. Y Dios quiere que llegues a ser una persona que le adore en espíritu y en verdad, para que te conviertas en un verdadero adorador.

Eso es lo que Él está buscando para ti. Adorar en espíritu significa encontrar gozo en Dios desde el corazón, para amarlo con todo tu corazón, alma, mente y fuerza. Eso es a lo que Dios te está llamando: a encontrar en Él gozo, paz, esperanza, satisfacción y plenitud.

Y adorar en verdad significa adorar a través del único camino verdadero que Dios ha abierto, que es, por supuesto, Jesús mismo. Él dice: Yo soy el camino, la verdad y la vida.

Así que los verdaderos adoradores son aquellos que adoran a Dios en espíritu y en verdad. Ahora bien, ¿cómo puede esta mujer llegar a ser la clase de adoradora que Dios busca?

La religión formal es fácil, sólo tienes que ir a la iglesia. Te confiesas, oras, ofreces un sacrificio o lo que sea.

La religión formal es fácil, pero ¿cómo vas a convertirte en una persona que ama tanto a Dios de corazón que le adora en espíritu y en verdad? ¿Cómo puede una persona que tiene un corazón endurecido contra Dios ser transformado de dentro hacia afuera de esa manera?

Y en ese momento la mujer retrocede porque recuerda que todavía no sabe quién es Jesús. Ella todavía piensa en Él como un profeta. Ella sigue pensando que todo este mensaje se trata de señalarle donde ha fallado.

Y entonces piensa: me estás diciendo en lo que tengo que convertirme, pero no puedo. Y entonces ella dice, verso 25: “Sé que el Mesías viene (el que es llamado Cristo); cuando Él venga nos declarará todo”. Esta es una manera de dar por terminada la conversación.

Ha sido un placer hablar contigo, Jesús. Has dicho cosas muy interesantes, y estoy segura de que tengo que pensar mucho más en ellas. Pero ahora todo me supera un poco. He venido aquí por agua, y es porque tengo comida que hacer, tengo una casa que limpiar. Ahora tengo que volver a mi vida cotidiana.

Tal vez algún día llegue alguien a mi vida que sea capaz de explicarme todas estas cosas. Sabes, dicen que eso es lo que hará el Mesías cuando venga.  Y Jesús le dice: “Yo soy, el que habla contigo”.

¿Te imaginas ese momento? Mujer, yo soy el que ha venido al mundo para hacer por ti lo que tú no puedes hacer por ti misma, para que te conviertas en lo que Dios te llama a ser. Yo soy el que puede dar esa fuente interior que te cambiará de dentro hacia afuera. De esto te estaba hablando.

Jesucristo puede hacer más por ti que cualquier profeta. Él puede hacer más que decirte lo que Dios requiere de ti y luego dejarte para que lo resuelvas. Él es capaz de producir en ti amor y de purificar tu corazón.

Jesucristo dice, esta es la razón por la que vine al mundo. Yo soy el que puede hacerlo.

Jesucristo es el que puede despertar tu conciencia por Su santidad. Él es quien puede alimentar tu mente con Su verdad. Él es quien puede purificar tu imaginación con Su belleza.

Él es quien puede abrir tu corazón con Su amor. Y Él es el que te llevará al punto donde eres cada vez más capaz de entregar libre y gozosamente tu voluntad a Su gran propósito para tu vida.

Y aquí está esta mujer, cara a cara con el Salvador, el que es capaz de producir en ella todo lo que Dios la llama a ser.

Así que quiero terminar aquí. El Padre está buscando verdaderos adoradores, y ellos son los que lo adoran en espíritu y en verdad. ¿Eso te describe a ti?

¿Podrías decir hoy, soy un verdadero adorador de corazón de este Dios vivo, Él es mi gozo, Él es mi vida, Él es mi paz, Él es mi esperanza? ¿O te encuentras diciendo: estoy tan lejos de lo que Dios me llama a ser?

Para terminar, te doy el versículo con el que comenzamos, el versículo 10, donde Jesús dijo: “Si tú conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’, tú le habrías pedido a Él, y Él te hubiera dado agua viva”.

Hoy sabes por el capítulo 4 de Juan quién es Jesús, lo que es la gracia y lo que es el don de Dios. Y ya que sabes estas cosas, ¿por qué no le pides, sabiendo que los que le piden siempre reciben?

¿Orarías conmigo? Padre, confieso que estoy muy lejos de ser la clase de adorador que Tú buscas. Por eso agradezco que tu Hijo Jesucristo haya venido al mundo para ser lo que nosotros no somos, para hacer lo que nosotros no podemos y para dar lo que nosotros no tenemos.

Así que te pido que Tu querido Hijo Jesucristo me haga todo lo que Tú me estás llamando a ser. Estas cosas te pedimos en el nombre del Salvador. Amén