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El Salmo 23 es uno de los capítulos más conocidos y amados en la Biblia. El Pastor Colin nos muestra cómo estas palabras tan familiares nos dan fuerza y esperanza. Salmos 23:1


Nota: Esta transcripción automatizada te ayuda a seguir el mensaje mientras escuchas. Puede contener errores; consulta el audio original si tienes dudas.

Supongo que para todos nosotros hay algunos tesoros de sabiduría que oímos una vez y nunca olvidamos. Para mí, uno de ellos vino de Warren Wiersbie, quizá algunos reconozcan ese nombre. En su tiempo fue pastor de la Iglesia Moody, aquí en Chicago, y luego profesor de Biblia en el programa de radio Back to the Bible.

Hace ya bastantes años, cuando yo era un joven pastor, él hablaba en una conferencia en Inglaterra, y durante una sesión de preguntas y respuestas le preguntaron: «¿Qué haría de forma diferente si pudiera volver a vivir sus años de ministerio?»

Y recuerdo que, como joven pastor, me inclinaba hacia delante para escuchar lo que diría este hombre al que tanto respetaba. Y dijo, ya con muchos años de experiencia: «si pudiera volver a vivir mi tiempo en el ministerio, animaría más al pueblo de Dios».

Nunca he olvidado esa respuesta. Creo que se me quedó grabada, en parte porque Warren Wiersbe es una de las personas más alentadoras que he conocido en mi vida. Pero cuando, en su vejez, miró hacia atrás y consideró su tiempo en el ministerio, dijo: «Yo animaría más al pueblo de Dios».

Ahora bien, hay una razón por la que el Salmo 23 es el más amado y conocido de todos los Salmos y uno de los capítulos más queridos de toda la Biblia. Y esa razón es que Dios ha utilizado este Salmo para animar a Su pueblo durante más de 3,000 años.

Y mi primera oración para esta serie es que Dios utilice estas palabras familiares para traer consuelo y un nuevo ánimo a todos y cada uno de nosotros. El Salmo 23, por supuesto, trata de lo que Dios hace por Su pueblo. Y, como el resto de la Biblia, nos apunta al Señor Jesucristo.

David dijo: «El Señor es mi pastor». Y cuando Jesucristo vino al mundo, dijo: «Yo soy el buen pastor».

Así que esta serie va a recordarnos todo lo que es nuestro en el Señor Jesucristo. Cuando perteneces a Él, todo lo que hay en este salmo es tuyo. Y a lo largo de esta serie, vamos a ver cuán maravilloso es pertenecer al Hijo de Dios.

Ahora bien, cuando comes alimentos deliciosos en una cena elegante, quieres comer despacio para poder saborear a fondo cada cosa. Y este Salmo es delicioso, así que vamos a saborearlo lentamente. El plan es, si te fijas, que hay seis versículos en el Salmo 23, y tenemos doce mensajes para saborear juntos esta verdad.

Comenzamos hoy con el versículo uno: «El Señor es mi pastor, nada me faltará».

Empecemos simplemente con la palabra «pastor».

El Señor es mi pastor.

Ahora bien, a veces se discute cómo la mayoría de nosotros los pastores que vivimos en ciudades, de alguna manera no sabemos lo que es ser un verdadero pastor y por lo tanto, no podemos comprender lo que hace un pastor.

Y sólo quiero decirte que, aunque no hayas visto un rebaño de ovejas en toda tu vida, leyendo este salmo sabrás lo que es y lo que hace un pastor.

Un pastor es dueño de las ovejas; el Señor es mi pastor. Soy de su propiedad, soy una de sus ovejas. Jesús dice: «Mis ovejas jamás perecerán». Esa es una declaración de propiedad; porque el pastor es dueño de las ovejas, por eso el pastor guía a las ovejas.

Más adelante en la serie veremos cómo conduce a las ovejas al descanso y a la justicia. Luego el pastor restaura a las ovejas, porque, aunque son suyas, a menudo nos descarriamos. Por eso restaura mi alma. Él me busca cuando me extravío y me restaura cuando estoy agotado.

El pastor, porque es dueño de las ovejas, las protege. «Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo». El buen pastor protege del mal y protege de los enemigos.

Y el pastor apacienta a las ovejas. «Tú preparas mesa delante de mí; mi copa está rebosando». Y el pastor ama a las ovejas. «Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida».

Eso es lo que hace un pastor, y lo vemos todo en este salmo. Si nunca has visto un rebaño de ovejas, esto es lo que hace un pastor. Estas son las cosas que el pastor hace por las ovejas, y David dice que estas son las cosas que Dios hace por ti y por mí.

Y cuando estás en Cristo puedes saber con seguridad que estas son las cosas que Él hace por ti. Ahora, una palabra más como introducción, y es que algunos de ustedes reaccionan instintivamente y todo esto les parece un poco sentimental.

Ovejas esponjosas, pastor con su cayado, todo un poco pintoresco, ¿no? Quizá de pequeño te leyeron un libro de cuentos con esas imágenes de ovejas esponjosas y un pastor, y estaba basado en el Salmo 23 y lo tienes como una especie de recuerdo y piensas: «bueno, está muy lejos de las duras realidades de la vida que vivimos hoy».

Recuerda que David era pastor. Sabía lo que había que hacer para llevar a cabo el trabajo; era un trabajo peligroso porque venían animales salvajes y atacaban a las ovejas. Recuerdas que David tenía muy buena puntería con la honda, cuando mató a Goliat, lanzandole una piedra en la frete.

¿Cómo llegó a ser tan bueno con la honda? Bueno, porque era pastor y sabía lo que significaba que vinieran animales salvajes y atacaran a las ovejas.

Pero a veces hacía falta algo más que una honda. David nos cuenta en 1ro de Samuel 17:34 cómo luchó al menos en una ocasión con un león y con un oso. David dijo a Saúl, y cito: «Su siervo apacentaba las ovejas de su padre, y cuando un león o un oso venía y se llevaba a un cordero del rebaño, yo salía tras él, lo atacaba, y lo rescataba de su boca, y cuando se levantaba contra mí, lo tomaba por la quijada, lo hería y lo mataba».

¿Qué clase de riesgo es ese para el trabajo que desempenas? Puede que tengas que enfrentarte cara a cara con un león o con un oso, y tomarlo por la quijada, sujetarlo por la cabeza, pues tiene a uno de tus corderos atrapado entre sus garras, y es tu cordero y tienes que recuperarlo.

David dice: Eso es lo que me ha costado ser pastor y ese es el tipo de cuidado que Dios me da. El Señor es mi pastor. Así que sólo quiero decirte que si piensas que todo esto suena bastante pintoresco, escucha, esto trata de las duras realidades de la vida.

David sabía lo que era tener enemigos que le persiguieran. En un momento de su vida, sufrió el dolor de que uno de sus propios hijos lo odiara. Sabía lo que era vivir con el fracaso, sabía lo que era vivir con miedo. Dios le encomendó la tarea de dirigir a una nación dividida, y sabía lo que era estar desanimado y agotado.

Así que quiero decirte desde el principio: si sabes lo que es estar agotado y sentirte exhausto, este Salmo es para ti. Si sabes lo que es soportar una gran presión durante un largo periodo de tiempo y a veces desfallecer, este Salmo es para ti. Si te enfrentas a enemigos, y luchas contra un gran mal, este Salmo es para ti.

Y ya que un día caminarás por el valle de sombra de muerte, este Salmo es para ti.

En Cristo tienes un pastor y, como es tu dueño, te guiará, te restaurará, te protegerá, te alimentará y te amará siempre. Eso es lo que significa ser un pastor.

Centrémonos ahora en lo segundo. ¿Quién es el pastor?

David dice: El Señor es mi pastor.

De forma muy sencilla, quiero hacer la observación de que la calidad de vida de cualquier rebaño de ovejas depende enteramente de su pastor.

En el Antiguo Testamento, Dios nombró profetas, sacerdotes y reyes para pastorear Su rebaño; debían apacentar, buscar y cuidar a las ovejas, pero no hicieron un buen trabajo.

La mayoría de las profesiones tienen un proceso de evaluación anual. Y en el capítulo 34 de Ezequiel, Dios hace, por así decirlo, una evaluación de los que han sido nombrados pastores de su rebaño, y no les va muy bien.

Dios le dice a Ezequiel: «Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel». ¿Por qué? Porque Dios dice: «Ustedes no han fortalecido a las débiles, no han curado a la enferma, no han vendado a la herida, no han hecho volver a la descarriada, no han buscado a la perdida; sino que las han dominado con dureza y con severidad».

Así que el rebaño de Dios lo pasó muy mal porque los pastores no cuidaban de ellas. La calidad de vida de cualquier rebaño de ovejas depende enteramente de quién sea su pastor. Y en tiempos de Ezequiel, los pastores designados habían fracasado en su tarea: nadie buscaba a los perdidos, nadie ayudaba ni fortalecía a los enfermos ni a los heridos, nadie rescataba a los débiles.

¿Qué ocurre entonces? Bueno, Dios dijo: «Mis ovejas han sido dispersadas por toda la superficie de la tierra, sin haber quien las busque ni pregunte por ellas». Entonces Dios miró con compasión a sus ovejas y dijo: «Yo apacentaré Mis ovejas y las llevaré a reposar, declara el Señor Dios. Buscaré a la perdida, haré volver a la descarriada, vendaré y fortaleceré la enferma».

Y verás, cuando Jesucristo vino al mundo, dijo en efecto, ese soy yo. Yo soy el que ha venido a hacer esto, Yo soy el buen Pastor. Y esto es lo que significa: voy a dar mi vida por mis ovejas y mis ovejas no perecerán jamás.

¿Ves que en todo el Salmo se habla del Señor? La gran seguridad aquí es que es el Señor mismo quien es tu pastor. Lo que esto significa es que, al ser tu Dueno, el Señor se responsabiliza directamente de ti en todos los ámbitos de tu vida.

Permíteme leerlo con ese énfasis para que se grabe en tu mente:

El Señor es mi pastor. En lugares de verdes pastos me hace descansar. Junto a aguas de reposo me conduce. Él restaura mi alma. Me guía por sendas de justicia. Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo. Tu vara y Tu cayado me infunden aliento. Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos. Has ungido mi cabeza con aceite, y en la casa del Señor moraré por largos días.

Toda la experiencia de la vida depende de quién sea el pastor. Y David dice: hay buenas noticias porque aquí encuentro consuelo, fuerza y aliento; el Señor, que es mi pastor, también es mi dueño.

Y porque es mi dueño, siempre me guiará. Y me restaurará y me protegerá y me alimentará. No pasaré hambre y me amará para siempre. La mayor alegría de la vida es ser totalmente propiedad del Hijo de Dios.

Hemos visto lo que significa ser pastor en el Salmo 23; hemos visto quién es el pastor, es el Señor. Este salmo trata de Él.

Y luego quiero que nos fijemos en esta palabra de relación personal que es tan maravillosa, la palabra «Mi».

El Señor es mi pastor.

La pregunta es ésta: ¿cómo te conviertes en una de las ovejas del Señor? Bueno, las ovejas se añaden a un rebaño al nacer o al ser compradas. Un pastor puede criar ovejas o un pastor puede comprar ovejas.

Y un pastor uade tener un rebaño de 200 o 500 ovejas y una de estas cosas será cierta para todas y cada una de ellas: un cordero se vuelve parte del rebaño porque se compra o porque nace dentro del rebano.

Ahora, en el rebaño de Dios ambas cosas son ciertas. Todo cristiano ha sido comprado al rebaño de Dios y todo cristiano ha nacido en el rebaño de Dios. Y el Nuevo Testamento lo deja muy claro. Pablo dice en 1 Corintios 6:20: «no se pertenecen a sí mismos porque han sido comprados por un precio».

Y Pedro lo dice así: «fueron rescatados». En otras palabras, se pagó un precio para sacarte del modo de vida inútil que habías experimentado hasta ese momento. Y el precio que se pagó no fue plata ni oro, sino la preciosa sangre de Cristo, la de un cordero sin defecto y sin mancha.

¿Ves lo que Cristo ha hecho por ti? Te ha comprado. Y el precio que pagó para comprarte, para hacerte suyo, es que derramó Su propia sangre preciosa.

Karen y yo hemos disfrutado viendo una serie en televisión llamada La vida en la granja. Creo que nos hemos enganchado bastante, nos encantan las escenas de diversas partes de Escocia y la vida de los granjeros en esa parte del mundo.

Y una de las características de la vida de los granjeros es que durante el año hay subastas de ovejas que se celebran periódicamente. Los ganaderos acuden a estas grandes subastas y compran carneros o sementales, como se les llama a veces, para criar la próxima generación de ovejas, o compran ovejas simplemente para aumentar su rebaño.

Y es fascinante ver estos grandes mercados y estos corrales con todas estas ovejas, y los compradores potenciales se pasean antes de la subasta y echan un vistazo a las ovejas para ver a cuáles van a elegir y cuánto estaran dispuestos a pagar.

Ahora piensa en esto. El propio Señor Jesucristo te ha comprado y el precio que pagó por la compra es Su propia sangre preciosa. No eres tuyo, has sido comprado por un precio. Y porque has sido comprado por precio, el Señor es tu pastor, y por eso nada te faltará.

Él te dará todo lo que necesites porque entregó Su propia vida para hacerte suyo. Y habiéndose entregado a sí mismo para comprarte, puedes estar seguro de que te dará todo lo que necesites.

¿No es esa la lógica de Romanos 8:32? «El que no negó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con Él todas las cosas?» Has sido comprado para ser parte del rebaño de Dios por la preciosa sangre de Cristo y has nacido en el rebaño de Dios.

Me resulta fascinante que Pedro, inmediatamente después de afirmar tan maravillosamente que hemos sido rescatados, que hemos sido comprados, pase a decir que hemos nacido, «Pues han nacido de nuevo, no de una simiente corruptible, sino de una que es incorruptible, es decir, mediante la palabra de Dios que vive y permanece».

Esto es lo que ha sucedido: no sólo es cierto que el Señor Jesucristo derramó Su sangre por ti hace 2,000 años, sino que en algún momento de tu vida, tal vez no seas capaz de recordar específicamente cuál fue, pero el Espíritu Santo se movió sobre tu alma muerta como se movió sobre las aguas oscuras en la creación, como vemos en Genesis 1, y te trajo a una nueva vida.

Te abrió los ojos a la gloria del Señor Jesucristo, te despertó a la necesidad de un Salvador. Te llevó a la fe; te cambió de dentro hacia afuera, dándote un nuevo deseo de dejar atrás una vida de pecado y seguir con determinación al Señor Jesucristo. Y no sólo te ha llevado a esta nueva vida, sino que sostiene esta nueva vida.

A pesar de tener tantas dudas, miedos y preguntas sin respuesta; a pesar de tantos pecados y sentimientos caidos, sigues amando a Cristo, y el Señor es tu pastor. Después de haberte comprado y traído a la luz, el Pastor está total y completamente comprometido contigo, vive en ti, y constantemente eres el objeto de Su cuidado.

¿Te das cuenta que este salmo trata maravillosamente, no sólo del Señor, sino también de la relación que tienes con Él como creyente en el Señor Jesucristo? Por eso puedes decir con David: El Señor es mi pastor, en lugares de verdes pastos me hace descansar. Junto a aguas de reposo me conduce. Él restaura mi alma. Da gracias a Dios por eso!

Me guía por senderos de justicia. Aunque pase por el valle de sombra de muerte no temeré mal alguno. Tu vara y tu cayado me infunden aliento. Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos. Has ungido mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días.

¡Gloria a Dios!