Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida. (Proverbios 4:23)
Cada vez que escuchas la historia de un cristiano cuya vida se ha derrumbado moralmente, puedes estar seguro de una cosa: esa persona tenía un largo historial de no afrontar su propio pecado. No permitas que esto te suceda a ti. En cambio, ¡cuida tu corazón!
Un cristiano sabio estudia la Biblia y su propio corazón. Tienes que convertirte en un experto en tu propio corazón. Nadie puede hacerlo mejor que tú.
Aquí hay cinco pasos que te ayudarán a guardar tu corazón con toda vigilancia.
1. Observar
Jesús dijo: «Velen y oren para que no entren en tentación» (Mateo 26:41). Pablo dijo a Timoteo: «Ten cuidado de ti mismo y de la enseñanza» (1 Timoteo 4:16), y a los ancianos de Efesios: «Tengan cuidado de sí mismos y de toda la congregación» (Hechos 20:28).
¿Cómo vamos a hacerlo? La mayoría de ustedes estarán familiarizados con el concepto de panel de control. Piensa en tu coche mientras conduces por la carretera, hay cierta información que necesitas tener a la mano, ¿a qué velocidad vas? ¿Cuánto combustible te queda en el depósito?
También hay otra información, como la temperatura del motor y el nivel de aceite. No se mira constantemente, pero si la temperatura del motor sube, hay que saberlo. Toda esta información se muestra en un panel de control situado delante de ti.
¿Cómo sería un panel de control para tu alma? Habría luces rojas y luces verdes. Las luces rojas serían impulsos en tu alma que tienden a alejarte de Dios de forma sigilosa, permanente y preocupante.
Permíteme darte algunos ejemplos de luces rojas que podrías poner en tu panel de control: miedo, orgullo, codicia, autocompasión, resentimiento, cobardía, ira, malos pensamientos sobre Dios y frialdad, cualquier sentido de legalismo en la adoración o cualquier sensación de estar actuando mecánicamente.
Te animo a que tomes un lápiz y una hoja y escribas estas cosas. Empieza a hacer una lista de las cosas que deben estar en tu panel de control. Hazlo porque te dará claridad.
2. Investigar
Ustedes corrían bien, ¿quién les impidió obedecer a la verdad? (Gálatas 5:7)
Hubo un tiempo en que progresabas bien en la vida cristiana, tenías un corazón para Dios, pero ya no es así.
Encontraste gozo en Cristo. Tu amor por el Salvador ardía intensamente. Tenías una gran pasión por el avance del evangelio. Hiciste sacrificios significativos. Enfrentaste las dificultades con valentía. Luchaste contra pecados profundamente arraigados en tu vida y creciste en santidad.
¿Qué te ha pasado? ¿Qué hay en ti que te ha impedido seguir progresando? ¿Quién o qué te lo impidió?
Este es un lugar para ser completamente honesto contigo mismo. Di: «No estoy muy seguro». Luego pide a Dios que te muestre tu propio corazón: «Escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis inquietudes» (Salmo 139:23-24).
Habla de ello con un amigo cristiano o con un pastor si lo necesitas, pero no te conformes sin obtener una respuesta, es demasiado importante.
Me temo que hay muchos cristianos que estudian la Biblia, pero apenas miran su corazón, porque nunca han aprendido a hacerlo.
3. Confesar
Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad. (1 Juan 1:9)
Esta es una promesa maravillosa, pero debemos tomarnos en serio su condición: «Si confesamos nuestros pecados…». En otras palabras, si vemos la luz roja, debemos llevarlo a Dios en confesión y confiar en la sangre de Cristo para cubrirlo. ¿Cuál es el último pecado que has confesado?
La confesión siempre debe ser primero ante Dios, pero te ayudará si puedes hablar honestamente con alguien que te conoce y se preocupa por ti. Esto me ha ayudado mucho en mi propia vida.
Recientemente, estuve conversando con algunos de nuestros líderes de la iglesia. Les dije que veía algunos cambios en mi corazón y que no me gustaba lo que veía. Enumeré varias cosas, una de ellas era que me estaba volviendo menos paciente. Eso es una luz roja y hay que abordarlo.
La semana pasada estuve hablando con un amigo. Tiene más de 70 años y está pasando por otra etapa de su vida, en la que está atravesando atrás algunas responsabilidades que tenía antes.
Me dijo: «Desde aquí veo el camino a convertirme en un viejo gruñón y no quiero seguirlo». ¿Ves lo que está haciendo? Está observando su corazón.
4. Comprometerse
Por cada luz roja en el panel de control, que muestra impulsos que nos alejan del Señor, hay una luz verde que será su opuesto. Las luces verdes son impulsos en tu alma que reflejan lo que la Biblia llama el «fruto del Espíritu» en tu vida.
Puedes hacer una lista basándote en Gálatas 5:22-23. El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio. Esta no es una lista exhaustiva. Podrías agregar otros, como el perdón o la valentía.
Identifique las luces verdes que corresponden a sus luces rojas y comprométete a seguirlas.
«Señor, por tu gracia y mediante tu poder, renuncio a esta impaciencia. No quiero tener nada más que ver con ella. Señor, ayúdame ahora a cultivar la paciencia que busco. Protege mi corazón de este enemigo interior y usa las circunstancias que han provocado este impulso a pecar en mi corazón para que se conviertan en una oportunidad de nuevo crecimiento a semejanza de Jesús, para tu gloria».
Así es como se produce el crecimiento cristiano. Las mismas circunstancias que dieron la luz roja son las que producen un nuevo crecimiento.
5. Confíar
La persona alejada de Dios no tiene interés en examinar su propio corazón. Pero cuando Dios te da un corazón nuevo, tienes un nuevo interés en conservarlo, como Él te pide. Examinar tu corazón para descubrir las tendencias del pecado en tu propia vida es algo que las personas piadosas hacen.
Pero cuando las personas piadosas miran dentro de sus corazones, lo encuentran muy desalentador. Nos sorprende que después de todo lo que Dios ha hecho por nosotros, después de todo lo que hemos experimentado, todavía exista en nuestros corazones este principio que tiende a un alejamiento sigiloso, permanente y preocupante de Dios.
Por eso, mirar a nuestro propio corazón puede llevarnos fácilmente a sentirnos derrotados. Robert Murray McCheyne tenía la respuesta: «Por cada mirada a ti mismo, mira diez veces a Cristo».
Creyente, cuando mires tu propio corazón, recuerda que con Su sangre Él abrió una fuente para la purificación. La necesitamos todos los días de nuestra vida. Acabemos con esta religión piadosa de superioridad moral que tantos han confundido con la fe cristiana.
Necesitamos la purificación que ofrece la sangre de Jesús. Los pecados que acechan en nuestros corazones no son mayores que el poder de la sangre de Cristo para seguir purificando nuestras vidas. Y a Él le encanta hacer eso.
Entonces, ¿te comprometerás a guardar tu corazón con toda vigilancia?
Escucha el episodio del podcast Una caminata por la historia bíblica titualdo «Corazón» sobre Jeremías 17:1–13.


