Nota editorial: Este artículo es un fragmento del capítulo 3 del libro Las Bienaventuranzas de Jesús, que responde a la pregunta: ¿qué es la mansedumbre según la Biblia? El libro está disponible en PDF, audiolibro y guía de estudio.
¿Qué te viene a la mente cuando escuchas la palabra manso? ¿Una persona de voz suave? ¿O quizá alguien con un apretón de manos débil o una persona a la que le falta carácter?
Una imagen que me viene a la mente es un himno infantil escrito por Charles Wesley, titulado «Gentle Jesus»[Bondadoso Jesús]. El himno comienza así: «Gentle Jesus, meek and mild», «Bondadoso Jesús, manso y suave»
Cuando se colocan juntas las palabras meek (manso) y mild (suave), se crea la impresión de alguien débil, blando y falto de fuerza. Sospecho que Wesley utilizó mild porque buscaba una palabra que en inglés rimara con child (niño), y no es fácil encontrarla. Sin embargo, el término mild (suave) nos lleva por un camino equivocado cuando se busca definir lo que es la mansedumbre. Un curry mild (suave) no es fuerte y probablemente no valga la pena probarlo. Para complicar aún más las cosas, en inglés la palabra meekness (mansedumbre) suena sospechosamente parecida a weakness (debilidad) y, si eso es en realidad lo que significa, no parecería algo que quisiéramos alcanzar.
Sin embargo, en estas bienaventuranzas el Señor nos dice que hay cosas de un valor supremo que debemos buscar a cualquier precio y una de ellas es la mansedumbre.
Cuando comencé a estudiar esta bienaventuranza, me pregunté: ¿a qué se refiere Jesús aquí? ¿Cuál es la mansedumbre que debo buscar? Esto me llevó a un proceso de descubrimiento en el que tuve que replantearme por completo el significado de la palabra manso —que, al parecer, no tiene nada que ver con la debilidad—, y fue entonces cuando comprendí por primera vez por qué la mansedumbre es crucial para progresar en la vida cristiana.
ACOSTUMBRÁNDOSE «A SER DOMESTICADO»
Comencé mi búsqueda con Matthew Henry, quien escribió un libro curiosamente titulado: A Discourse on Meekness and Quietness of Spirit [«Un discurso sobre la mansedumbre y la quietud de espíritu»]. Henry señala que, en latín, a una persona mansa se le llamaba mansuetus. Esta palabra se compone de dos términos: manu, que significa «mano», y assuetus, que significa «acostumbrado». De modo que la mansedumbre implica estar «acostumbrado a la mano», lo cual evoca la imagen de la domesticación de un animal salvaje.
Piensa en un caballo que aún no ha sido domado: no está «acostumbrado a la mano» y cuando alguien se le acerca, brinca y patea. La fuerza del caballo es incontrolable y se resiste al freno y a las riendas, pero cuando el caballo se «acostumbra a la mano», sus pasiones salvajes son sometidas, su fuerza es puesta bajo control y el animal entra en quietud.
La Biblia compara nuestra naturaleza humana caída con el impulso de los animales salvajes. Dios dice que Su propio pueblo es como un asno montés y un camello inquieto (Jeremías 2:23–24). Estas no son descripciones halagadoras, pero nos dicen algo que necesitamos saber: somos como animales salvajes por naturaleza. Tenemos fuerza, pero no es una fuerza dirigida ni controlada, y por eso nuestra energía se usa de maneras que, en el mejor de los casos, son improductivas y en el peor, destructivas. Si queremos llegar a ser útiles para Dios, necesitamos estar «acostumbrados a la mano». Cuando eso sucede, nuestras pasiones salvajes serán dominadas, nuestra fuerza será dirigida y comenzaremos a experimentar paz.
La mansedumbre es fuerza controlada. Domina el temperamento, somete el yo, calma las pasiones, gobierna los impulsos del corazón y trae orden al caos del alma. Cuando lo comprendí, mi interés se despertó. Si esto es la mansedumbre, quiero tener tanta como sea posible.
Una persona mansa es una persona humilde, amable, paciente, perdonadora y contenta. La mansedumbre es el medio por el cual Dios nos libra del orgullo, la aspereza, la agresividad, la venganza y la confusión interior. Piensa en alguien en tu vida que podría describirse como una persona autosuficiente y dominante: alguien que impone su autoridad, es irritable y exigente, y siempre insiste en salirse con la suya. Esa persona no es feliz. Hay tanta confusión dentro de sí misma que termina desbordándola sobre los demás. Si aquella persona se «acostumbrara a la mano», su temperamento cambiaría y sus pasiones serían dominadas, dándole nueva dignidad, aplomo y paz. Ese es el poder de la mansedumbre.
Aquí Jesús nos está llamando a algo verdaderamente maravilloso. Piensa en lo que podría significar la fuerza controlada en tu vida. Crecer en mansedumbre contendrá tu impulsividad, dándote el control sobre la ira. Cambiará la manera en que hablas y te dará el dominio sobre la palabra áspera y el comentario hiriente. Crecer en mansedumbre te conducirá al contentamiento, trayéndote paz a medida que te acostumbras a la mano de Dios, incluso en las circunstancias difíciles de tu vida. Pero, sobre todo, te moldeará para ser útil en el servicio de Dios.
LA MANSEDUMBRE VIENE POR MEDIO DE LA SUMISIÓN
La mansedumbre es fuerza puesta bajo control mediante la sumisión. Piensa en un caballo salvaje que llega a estar «acostumbrado a la mano». Su fuerza queda bajo control mientras se somete al freno y a las riendas. La palabra sumisión proviene del latín submissio, formada por el prefijo sub- («debajo») y el verbo mittere («enviar», «poner»). De esta manera, se interpreta como la acción y efecto de ponerse por debajo o subordinarse a otra persona, voluntad o circunstancia.
La primera vez que hablé de mansedumbre en la iglesia donde sirvo, una mujer muy reflexiva y perceptiva se me acercó para hablar después del servicio y me dijo: «Siempre he sido una persona muy competitiva. Fui muy competitiva en los deportes y lo soy también en los negocios. Por eso, toda la idea de la sumisión me ha resultado difícil. No obstante, su analogía de domar al caballo salvaje me ha ayudado, y esta es la razón: ¡solo cuando el caballo se somete al freno y a las riendas tiene alguna posibilidad de ganar la carrera! Yo quiero ganar, y por primera vez he visto que ganar solo es posible cuando mi fuerza es puesta bajo control, y eso ocurre mediante la sumisión».
Fue una observación maravillosa. Los caballos salvajes no ganan carreras. Comienzas a ganar la carrera cuando tu fuerza es puesta bajo control mediante la sumisión a Jesucristo. Pero ¿cómo se ve esto en la práctica? Para responder a esa pregunta, necesitamos ampliar nuestra definición de mansedumbre. La mansedumbre es fuerza controlada que proviene de la sumisión a la Palabra de Dios, a la voluntad de Dios y al pueblo de Dios.
Escucha el capítulo del audiolibro de Las Bienaventuranzas de Jesús titulado «Renuncio al control: La libertad de la sumisión total». Escucha el audiolibro gratuito en Spotify, YouTube y Apple Podcasts.


