Este artículo está basado en el libro El Salmo 23 en 30 días por Colin S. Smith.
Mi hijo, Andrew, es corredor de larga distancia y ha completado varias veces el triatlón Ironman (3.8 kilómetros a nado, 180 kilómetros en bicicleta y 42 kilómetros corriendo). El Ironman es un espectáculo impresionante. ¿Cómo es posible que estas personas sigan adelante?
Quizá la pregunta para ti no se trata del Ironman, sino de la vida. ¿Cómo seguirás adelante? ¿Qué te sostendrá cuando te sientas cansado, agotado, desanimado y sin fuerzas? David nos cuenta cómo Dios lo sostuvo en el versículo que estamos analizando hoy:
Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos;
Has ungido mi cabeza con aceite;
Mi copa está rebosando (Salmo 23:5).
Con frecuencia, Dios utiliza cosas materiales para hablarnos de cosas espirituales. Y aquí Dios utiliza tres cosas que podemos tocar y manejar —una mesa, aceite y una copa— para comunicarnos cómo nos sustenta.
El Pastor te sustenta dándote fuerzas
«Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos; has ungido mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando». Salmo 23:5
Imagina esta escena: llegas a casa después de un duro día de trabajo y alguien está preparando la cena. Le dices: «Déjame ayudar», pero te responde: «Siéntate, yo me encargo de tu comida».
Así que te sientas y observas cómo esa persona prepara la comida frente a ti. Luego, cuando la comida está lista, te acercas a la mesa y, mientras comes, sientes cómo tus fuerzas son renovadas. Esta es la escena central.
Y la pregunta es: ¿quién haría esto por ti? ¡David sabía que El Señor era quien lo fortalecía!
Ahora, observa que este pasaje está en tiempo presente, indicando que Dios no lo hizo únicamente en el pasado, ni es algo que hace en ocasiones, es lo que Dios hace de forma permanente por Su pueblo.
Dios usa esta imagen para hacerte saber que Él te sustentará dándote nuevas fuerzas. Y así como una buena comida fortalece tu cuerpo, tú serás fortalecido cuando el Señor mismo sea quien te alimente. Pero fíjate que hay algo más aquí: «Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos» (Salmo 23:5, énfasis añadido).
La vida de David fue una batalla constante. En sus primeros años fue un pastor despreciado por sus hermanos mayores. Luego vivió como prófugo, siendo perseguido por el rey Saúl. Cuando finalmente se convirtió en rey, heredó un reino dividido, donde las tribus rivales estaban llenas de resentimiento y desconfianza.
En sus últimos años, David sufrió a causa de la división de su familia, producto de ciclos de abuso, violencia y muerte. Incluso, tuvo que huir para salvar su vida cuando su propio hijo se rebeló contra él.
¿Cómo pudo David seguir adelante? ¿Cómo podrías tú seguir adelante considerando todas las presiones, cargas, conflictos y problemas que cargas en tu vida?
Dios preparó una mesa para David, Él mismo renovó sus fuerzas, incluso estando en presencia de sus enemigos. Y si Dios lo hizo por David, también puede hacerlo por ti.
El Pastor te sustenta dándote un propósito
«Has ungido mi cabeza con aceite». Salmo 23:5
En el Antiguo Testamento, el aceite era usado para designar a las personas a quienes Dios había llamado para que le sirvieran. Este fue el caso de los profetas, los sacerdotes y los reyes, quienes eran ungidos con aceite para cumplir una tarea particular que Dios les había encomendado. Por lo tanto, si la mesa habla de nuevas fuerzas, el aceite habla de un nuevo propósito.
La Biblia ofrece una hermosa descripción del momento en que Aarón fue ungido con aceite como señal de que Dios lo había escogido para servir: «Miren cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos habiten juntos en armonía. Es como el óleo precioso sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, que desciende hasta el borde de sus vestiduras» (Salmo 133:1-2).
Este no era un simple acto en el que se ponía un poco de aceite y se frotaba sobre la frente de Aarón. El aceite de la unción era derramado sobre su cabeza, luego corría por su barba, goteaba sobre su cuello y empapaba sus vestiduras.
Cuando David dice: «Unges mi cabeza con aceite», seguramente tenía en mente el día en que fue ungido como rey: «Samuel tomó el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el Espíritu del Señor vino poderosamente sobre David desde aquel día en adelante» (1 Samuel. 16:13).
El aceite habla de un propósito, de un llamado, una tarea dada por Dios. En el Antiguo Testamento solo unas pocas personas eran ungidas con aceite; sin embargo, en el Nuevo Testamento todo el pueblo de Dios es ungido con el Espíritu Santo.
Lo que sostuvo a David fue una comprensión clara de su propósito: «Dios me ha encomendado este trabajo. Fui llamado. Fui ungido». De modo que, si pierdes de vista el propósito para el cual Dios te ha llamado, pronto te encontrarás cansado, hastiado, vacío y agobiado.
Dios tiene un propósito para ti: «Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas» (Efesios 2:10). Descubre el propósito para el cual Dios te ha llamado y persíguelo. Y mientras lo haces, Dios te sustentará.
El Pastor te sustenta dándote gozo
«Mi copa está rebosando». Salmo 23:5
Hay una corriente dentro del cristianismo que afirma algo como esto: en este mundo estarás rodeado de enemigos, pero tienes que salir adelante, pues, si lo logras, serás bendecido al final. Cuando tu vida termine en este mundo, entonces experimentarás gozo. La vida es un desastre, pero el cielo está por llegar.
No fue esto lo que David quiso decir. David tuvo muchos problemas durante su vida, sin embargo, decía: «Mi copa rebosa aquí en medio de este mundo caído, a pesar de todo lo que enfrento y lo que sufro; incluso ahora mismo, mientras mis enemigos me persiguen, incluso aquí, en medio de este valle oscuro».
Jesús dijo: «En el mundo tienen tribulación [problemas]» (Juan 16:33), pero también dijo: «Estas cosas les he hablado, para que Mi gozo esté en ustedes, y su gozo sea perfecto» (Juan 15:11).
De modo que, de la plenitud de la gracia de Jesús hemos recibido una bendición tras otra y Su gracia continúa llegando; Su gracia sigue rebosando.
- Cuando Isaías describe el perdón de Dios, no le basta con decir que Dios perdonará; él dice que Dios perdonará abundantemente (Isaías 55:7).
- Cuando el salmista describe la esperanza de Dios, no le basta con decir que en Dios hay redención; él dice que hay abundante redención en el Señor (Salmo 130:7).
- Pablo no solo habla de riquezas; él habla de las inescrutables riquezas de Cristo (Efesios 3:8).
- Jesús habla de darnos vida, pero vida en abundancia (Juan 10:10).
Cuando el hijo pródigo volvió a casa, su padre no lo recibió con una gracia reacia: «¿Decidiste volver? Será mejor que te asegures de no volver a arruinarlo». No. El padre salió corriendo a su encuentro, lo abrazó, lo besó, puso la mejor túnica en su espalda y un anillo en su dedo.
El padre no le dijo: «Hay un sándwich frío en la nevera». En lugar de esto, le dijo: «Traigan el becerro engordado, mátenlo, y comamos y regocijémonos». Esto fue lo que David experimentó: «¡Mi copa está rebosando!».
La invitación
El Buen Pastor te invita a encontrar fuerzas en Su mesa. Él tiene en Sus manos el aceite, listo para ungirte para un nuevo propósito. Te ofrece la copa de la bendición para que tu gozo sea completo. Jesús dice: «Mis ovejas oyen mi voz» y, cuando escuchas la voz del Buen Pastor, solo hay una forma de responder. Y esa es seguirlo.
Deja de ser dueño de ti mismo y de dirigirte a ti mismo. Sométete al Buen Pastor. Él te dará nuevas fuerzas, un nuevo propósito y un nuevo gozo. Comienza hoy una nueva vida en la que sigas al Buen Pastor. Entrégate a Él: créele, confía en Él, obedécelo, síguelo.


