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Alguien a quien amabas murió, pero nunca realmente lloraste su pérdida. En la primera parte de «Lágrimas y palabras», el Pastor Colin habla sobre cómo puedes hacerlo de una manera saludable.

Pasaje: Lamentaciones 1:1-11


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Es un gozo tan grande comenzar una nueva serie que vamos a compartir juntos en el libro de Lamentaciones. La serie se llama, muy sencillamente, «Esperanza para tiempos de duelo».

Quiero hablar especialmente a aquellos que conocen y están familiarizados con el camino del dolor y la pérdida. En algún momento de la vida, eso será cierto para cada uno de nosotros, absolutamente todos nosotros.

Permítanme comenzar con una descripción simple del Dr. Jim Packer, quien dice lo siguiente:

«El duelo es la desolación interior que sigue a la pérdida de algo o alguien que amamos: un hijo, un familiar, un cónyuge, una mascota, un trabajo, el propio hogar, las propias esperanzas, la salud o lo que sea».

Comienzo allí porque quiero encontrar la mayor cantidad de maneras posibles para que cada uno, en cualquier circunstancia de la vida en la que se encuentre, pueda conectarse con este libro tan importante: Lamentaciones.

Las palabras clave en lo que el Dr. Packer tan sabiamente dice son «amor» y «pérdida». Algo o alguien profundamente amado y luego perdido.

Y el duelo es simplemente, el proceso de adaptarse a la pérdida de algo o de alguien que amamos.

A menudo hablamos de una persona que ha perdido a un ser querido como alguien que está «de luto». Nunca había pensado en esto antes hasta que miré la palabra.

La palabra expresa este sentido de padecer una especie de muerte, de algo que deba estar vivo, o perder algo que nos fue arrancado.

Así que quien está de luto siente que algo o alguien ha muerto, que ha sido separado, como si algo muy amado o alguien muy amado le hubiera sido arrebatado, y es por eso que la experiencia de ese «arrebato» a menudo se siente como si uno fuera partido en dos.

Por supuesto, todos pasamos por este valle de dolor y pérdida en algún momento y de diferentes maneras. Y por lo tanto creo que es muy significativo que Dios en Su gran bondad, nos haya dado un libro completo de la Biblia dedicado al tema del duelo.

Un libro entero de la Biblia que entendido correctamente, nos ayudará a navegar por el valle del duelo, el valle del dolor, el valle de la pérdida, cuando lleguemos a él.

Ese libro es el libro de Lamentaciones, y es un libro que hablando con franqueza, no se predica con frecuencia.

En todos mis años como pastor nunca he predicado una serie completa. He predicado un par de mensajes individuales, pero nunca una serie basada en este libro de la Biblia.

Y llegué al punto de preguntarme: ¿por qué no? Especialmente considerando que este libro habla de algo que todo miembro de una congregación, en algún momento y de múltiples maneras, experimentará, al caminar por el valle del dolor y la pérdida.

Es asombroso cuando tomamos la Biblia en nuestras manos como la Palabra de Dios, en su totalidad, habla a cada parte de nuestra vida. Y si pasamos por alto cualquier parte de lo que Dios nos ha dicho, entonces terminamos perdiendo la provisión que Dios mismo ha hecho en esa porción particular de las Escrituras.

Quiero que sepan que cuando comencé a meditar en Lamentaciones, mi esposa Karen y yo tuvimos el gran privilegio de reunirnos con varios matrimonios de la iglesia durante un período de aproximadamente 5 semanas.

Todos ellos habían experimentado la pérdida de un hijo, y en el grupo también había tres mujeres jóvenes que habían experimentado la pérdida de un hermano.

Estos queridos amigos representaban historias que suceden todo el tiempo en nuestras iglesias, muchos que han pasado por la pérdida de un hijo, la pérdida de un cónyuge, la pérdida de un padre, la pérdida de un hermano.

Y debo decirles que escuchar las historias de estos queridos amigos y las reflexiones que aportaron a la conversación que tuvimos en torno al libro de Lamentaciones, ha sido inmensamente útil para mí.

En esta serie encontrarán que hago referencia a algunas de esas reflexiones, las cuales espero, y oro, que sean útiles para ustedes también.

Tres objetivos

Antes de llegar directamente a las Escrituras, quiero presentar 3 objetivos que tengo en mente para estas semanas en las que recorreremos juntos este tema del duelo.

1ro. Que podamos entender mejor qué significa llorar y qué significa esperar.

Esta es una pregunta muy simple pero importante: ¿qué significa sufrir un duelo? Al igual que yo, ustedes probablemente han escuchado a personas decir, mirando hacia atrás a una pérdida de hace algunos años: «¿Saben? Creo que nunca llegué realmente a vivir mi duelo de forma apropiada».

Bueno, ¿qué significa llorar apropiadamente y qué significa esperar mientras lloramos? Verán, no es que los cristianos lloren por un tiempo y luego simplemente vivan sonrientes y llenos de esperanza el resto de sus vidas. No es así en lo absoluto.

Los cristianos lloran y esperan al mismo tiempo. Lloramos mientras esperamos y esperamos mientras lloramos. Y quiero que veamos en Lamentaciones cómo es esto, porque está en todo este libro.

2do: Que todos estemos mejor preparados para vivir y servir en un mundo que sufre.

Mejor preparados para tener la capacidad de acompañar a quienes lloran y ministrar en un mundo lleno de dolor, sufrimiento y pérdida.

Nosotros no venimos a la iglesia para escapar de la realidad. Las personas que no creen suelen pensar eso: «La gente que va a la iglesia vive en una especie de fantasía escapista».

No venimos a la iglesia para escapar de la realidad; venimos para enfrentarla en la fortaleza del Señor, quien nos alimenta y nos nutre por medio de Su Palabra. Dios nos habla a nuestro mundo tal como es, no habla a la vida como tú y yo desearíamos que fuera, sino a nuestro mundo tal como es.

No sólo recibimos las Escrituras de modo que estemos preparados para el maravilloso mundo donde el duelo, las lágrimas y el dolor ya no existirán, sino para hacernos capaces de permanecer firmes en este mundo, donde hay muchas lágrimas y dolor, y quebrantamiento, y la experiencia incluso de sentirnos despojados y desgarrados.

Un escritor describe el libro de Lamentaciones como «una casa para el dolor y una escuela para la compasión». En otras palabras, aquí hay un lugar donde puedes aprender a tener un corazón tierno.

Y todos queremos más de eso en nuestras vidas. Queremos saber más sobre lo que significa llorar con los que lloran y poder ministrar en un mundo de gran sufrimiento, gran dolor y gran desolación. Lamentaciones indudablemente nos ministra de esta manera.

Entonces, queremos entender mejor lo que significa llorar y esperar, y cómo hacer ambas cosas al mismo tiempo. Queremos estar mejor equipados para vivir y servir en un mundo que sufre.

Y 3ero: que encontremos a Jesucristo en el camino del dolor.

Que podamos encontrarnos con Jesucristo mientras caminamos en medio del dolor.

Ese camino es difícil y doloroso, pero es un camino que Jesucristo mismo conoce bien. Él está familiarizado con el sufrimiento, Él es varón de dolores, experimentado en quebranto.

Y por lo tanto será un camino en el que muchos descubran una relación más cercana y profunda con Jesucristo. ¿Y saben qué? Cualquier camino en el que encuentres una comunión más estrecha y profunda con Jesucristo, es un camino bendecido, incluso si es un camino de duelo, de dolor y de pérdida.

Así que estas son las cosas por las que estoy orando, para que especialmente aquellos que están caminando por este camino descubran que hay un verdadero encuentro con Jesucristo, auxilio y consuelo que vienen de nuestro maravilloso Salvador.

El trasfondo del libro de Lamentaciones

Permíteme entonces, muy brevemente, esbozar el trasfondo del libro de Lamentaciones.

Dicho de manera muy simple, Lamentaciones describe de manera detallada, el dolor y la tristeza que resultaron del asedio, y finalmente de la caída y el colapso, de la ciudad de Jerusalén, en el año 586 antes de Cristo.

Se llama «Lamentaciones» porque es un lamento. Es un clamor de dolor de personas que habían sobrevivido a pérdidas indescriptibles. Lamentaciones es un grito desde el lugar más oscuro, cuando la ciudad de Jerusalén fue destruida, tras una larga contienda.

De hecho, el pueblo de Dios sufrió 5 desastres, uno tras otro. Hay que captar el sentido acumulativo de lo que estas personas padecieron.

1ro:

Sus enemigos sitiaron la ciudad y acamparon afuera, de modo que no entraba agua ni comida. «Vamos a esperar hasta que se mueran de hambre». Gran parte de lo que se describe aquí se relaciona con las agonías de soportar, incluso los niños, ese tipo de escenario horrendo.

2do:

El pueblo empezó a morir de hambre. Algunas de las descripciones del libro acerca de los horrores de vivir bajo un asedio son más de lo que uno quisiera leer o saber de lo que eso significa.

3ro:

La ciudad cayó. Y cuando los muros fueron derribados, las puertas colapsaron y todo aquello que hacía que el pueblo se sintiera, al menos en cierto grado, seguro frente a sus enemigos, desapareció.

Así que ahora había un sentimiento de haber sido completamente invadidos y como resultado, la ciudad fue ocupada.

Ahora entraba comida, ahora entraba agua, pero vivían bajo el dominio brutal y totalitario de quienes habían destruido las puertas, derribado los muros y arrasado sus hogares. Ahora se habían convertido en esclavos.

4to:

Y luego, quizás para el pueblo de fe, lo más doloroso de todo: el templo mismo fue destruido, justo en el centro de Jerusalén. Recuerda que en el Antiguo Testamento el templo era el lugar donde Dios decía: «Mi presencia descenderá y aquí me encontraré contigo».

Y ahora, el lugar de la presencia de Dios estaba destruido. Eso planteaba la pregunta: ¿dónde está Dios en medio de todo esto? ¡Hasta el templo ha desaparecido! Y aquí están personas que se sienten completamente solas, despojadas, dolidas, destrozadas.

5to:

Por supuesto, muchos murieron en esos días terribles, y muchos más —como verás mencionado en el libro— fueron llevados cautivos. El poder conquistador se llevó, por así decirlo, a las personas que quería y dejó al resto.

Así que algunos como Daniel fueron llevados al exilio y de ahí surge la historia del libro de Daniel. El profeta Ezequiel también fue llevado al exilio.

Pero «Lamentaciones» es el clamor de los que se quedaron.

Los sobrevivientes que permanecieron entre las ruinas y con todas sus pérdidas tuvieron que encontrar una manera de reconstruir la vida a partir de los escombros de todo lo que había sido destruido en el lugar que una vez llamaron su hogar.

Ahora, lo que encontrarás en estos 5 capítulos que conforman Lamentaciones es que es algo repetitivo. Esa es una de las razones por las cuales no lo estudiaremos versículo por versículo.

El duelo no es lineal, el duelo es repetitivo. Una persona que llora sabe lo que es repasar una y otra vez lo mismo: la misma historia, el mismo dolor.

Y eso es exactamente lo que encontramos aquí en el libro de Lamentaciones.

Cuatro temas principales

Así que lo que quiero hacer es intentar destacar 4 temas principales de este libro. Y mientras lo recorremos, encontraremos 4 temas interconectados.

1- lágrimas y palabras.
2- culpa y queja. Siempre hay culpa y queja mezcladas con el dolor y la pérdida.
3- esperanza y sanidad.
4- oración y alabanza.

Todos estos temas los encontramos en el libro de Lamentaciones.

Lágrimas y palabras

Hoy comenzamos con lágrimas y palabras.

Tomé ese título de una historia contada por Leslie Allen, a quien conozco porque fue profesor de Antiguo Testamento cuando yo era estudiante en Londres, y luego llegó a ser profesor titular de Antiguo Testamento en el Seminario Teológico Fuller.

Pero aquí hay algo muy fascinante: mientras servía como profesor titular de Antiguo Testamento, también fue capellán en un hospital durante 10 años. ¿No es una combinación extraordinaria?

Y una de las cosas que me motivaron a estudiar el libro de Lamentaciones fue que Leslie Allen escribió un libro fascinante y muy útil, en el que usa todo lo que aprendió como profesor de Antiguo Testamento sobre el libro de Lamentaciones para iluminar el tema del duelo.

Luego utiliza todo lo que aprendió sobre el duelo de su experiencia como capellán en un hospital, para iluminar nuevamente el libro de Lamentaciones.

Y comienza con la historia de un joven llamado Raymond que fue ingresado en el hospital donde Leslie servía una noche como consejero en casos de potencial suicidio.

Raymond era cristiano, un hombre de poco más de 20 años, que estaba comprometido con la iglesia. Era activo en el liderazgo del grupo de jóvenes, pero había pasado por una serie de tragedias, que acumuladas, lo habían abrumado por completo, y por eso había sido ingresado en el hospital.

Había perdido a su padre y unas pocas semanas después su madre también había muerto. Y luego, apenas un mes más tarde, su novia murió debido a una sobredosis de drogas.

Por supuesto, llamaron al capellán, y Leslie Allen cuenta…

«Llegué y desperté suavemente a Raymond de un sueño exhausto. Con la mirada vidriosa —sin duda también estaba sedado— se incorporó en la cama y dijo: “Todo lo que quiero hacer es dormir”».

«Me di cuenta de que esa no era la ocasión para un largo intercambio pastoral. ¿Qué breve mensaje podría dejarle a este hombre sobre el camino a seguir?».

Pensé por un momento y dije: «Quiero dejarte tres palabras, Raymond: lágrimas, conversación y tiempo».

Agregué una breve frase a cada palabra y luego le dije que volviera a dormir y que recordara estas tres palabras cuando despertara: lágrimas, conversación y tiempo.

Pensemos en las lágrimas

Pensemos en las lágrimas. Y quiero decirte esto desde el libro de Lamentaciones: déjalas fluir. Las lágrimas simplemente son el estremecimiento del cuerpo ante el dolor del alma.

Las lágrimas son un regalo maravilloso de Dios. Nos dio a cada uno esos conductos lagrimales por una razón; son una válvula de escape para la presión que de otro modo podría abrumarnos en nuestros corazones y en nuestras mentes.

Así que la Escritura nos deja claro que debemos dejar que las lágrimas fluyan y no contenerlas.