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El Viaje

Conflicto

1 Reyes 12:1-24

Conflicto - Enseñanza (audio)

DESPUÉS de la muerte de Salomón, aumentaron las tensiones entre las diez tribus del norte y las dos tribus del sur, donde el poder y la riqueza se concentraban en torno a Jerusalén.

El hijo de Salomón, Roboam, empeoró la situación. Consideró a las tribus del norte como rebeldes y se dedicó a someterlas con un programa de trabajos forzados. Las tribus del norte respondieron declarando su independencia y coronando como rey a Jeroboam, su líder rebelde.

Esta triste división entre el pueblo de Dios fue muy significativa. Dios había prometido bendecir a los pueblos de todas las naciones a través de un rey del linaje de David. Cuando las tribus del norte coronaron a su propio rey, se separaron de esa promesa y de la bendición de Dios.

Religión, política, y violencia

Jeroboam era un líder astuto. Vio que si la gente fiel del norte seguía visitando Jerusalén para adorar al Señor en el templo, se acordaría de la promesa de Dios y podría renovar su lealtad al linaje de David. Así que fabricó dos becerros de oro y estableció su propio centro de culto en el norte (1 Reyes 12:28).

Jeroboam no tenía ningún interés en obedecer al Señor. Simplemente utilizaba la religión para fortalecer la identidad de su pueblo. Y cuando ese es el objetivo, cualquier religión sirve.

En el sur, donde la línea real de David continuaba, un rey normalmente transfería el poder a su hijo cuando se acercaba a la muerte. Pero en el norte, no había una casa real establecida ni una línea de sucesión reconocida. Así que abundaban las intrigas políticas y la violencia, y la mayoría de los reyes llegaban al poder asesinando a sus predecesores.

Persiguiendo al pueblo de Dios

Ajab fue el más notorio de los reyes del norte. Su esposa, Jezabel, dirigió una furiosa persecución en la que los profetas de Dios fueron perseguidos y asesinados. En medio siglo, Israel había pasado de ser un pueblo unido en la adoración al Señor a una nación confundida y dividida. Cincuenta años después de que la nube de la presencia de Dios llenara el templo de Salomón, el conocimiento de Dios estaba casi perdido, incluso entre su propio pueblo.

Los resultados sociales de alejarse de Dios y de sus leyes fueron desastrosos. El profeta Amós describió las condiciones en el reino del norte con estas palabras: «Venden al inocente por plata, y al necesitado por un par de sandalias. Pisotean la cabeza de los pobres como el polvo de la tierra y niegan la justicia a los oprimidos. Padre e hijo se sirven de la misma muchacha y así profanan mi santo nombre» (Amós 2:6-7).

La triste historia del reino del norte continuó durante unos doscientos años (920-722 a.C.). Hubo diecinueve reyes en total, y cada uno de ellos «hizo lo malo a los ojos de Jehová» (ver 2 Reyes 15:9).

Finalmente, Dios permitió que los enemigos invadieran el reino del norte. El rey de Asiria deportó a toda la población en el año 722 a.C., dispersándola por toda la extensión de su reino. Más tarde, repobló la zona con inmigrantes, que llegaron a ser conocidos como los samaritanos.

La historia en el sur

Las dos tribus del sur, a menudo denominadas Judá, se beneficiaron de un mejor liderazgo que sus hermanos del norte. Asa, Josafat, Joás, Amasías, Uzías y Jotam fueron elogiados por Dios. Pero ninguno de ellos eliminó los lugares de culto a otros dioses que se habían erigido en los días de Salomón. Estos centros de idolatría continuaron siendo una ofensa para Dios.

Las cosas empeoraron en Judá cuando Manasés llegó al poder poco después de la dispersión de las tribus del norte. Manasés reinó durante cincuenta y cinco años, y condujo al pueblo de Dios a un mal mayor que el de las naciones que Dios había expulsado de la tierra (2 Reyes 21:1, 9).

Manasés promovió el culto a Molek, que incluía un rito maligno en el que se sacrificaban niños en el fuego. Consultó a médiums y espiritistas y, en un acto de desafío a Dios, construyó altares a dioses paganos en el templo del Señor (2 Reyes 21:4-6). Dios había llamado a Su pueblo a ser luces en el mundo, pero Manasés lo condujo a una profunda oscuridad.

Cambiar leyes y cambiar corazones

Algunos años después, el nieto de Manasés, Josías, comenzó a buscar al Señor. Estimulado por el redescubrimiento de un manuscrito de la Ley de Dios que se había perdido en el templo, Josías dirigió una campaña nacional de reforma. Recorrió el país y supervisó personalmente la destrucción de todos los altares a los ídolos en el país (2 Reyes 23). Algunos de ellos habían sido construidos en la época de Salomón y habían estado en pie durante trescientos años. 

La reforma de Josías fue el mayor ataque contra las prácticas paganas en la historia de Israel. Eliminó la idolatría. Pero cambiar las leyes no es lo mismo que cambiar los corazones, y poco después de la muerte de Josías, los altares a los ídolos fueron reconstruidos, y los patrones de pecado asociados a ellos se reanudaron.

La vista desde el cuarto valle

La trágica historia del reino dividido nos enseña que cuando una nación se aleja de Dios, se desatan oscuros poderes del mal. El pueblo de Dios eligió adorar a dioses que ellos mismos hicieron. Se apartaron de la luz y finalmente fueron devorados por las tinieblas.

Pero Dios nunca abandonó a Su pueblo. Siguió hablándoles a través de los profetas, incluso cuando se volvieron a otros dioses. Isaías, Jeremías, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Miqueas, Nahum y Habacuc llamaron al pueblo de Dios al arrepentimiento durante estos años oscuros del reino dividido. Pero el pueblo no escuchaba la Palabra de Dios.

Así que, después de repetidas advertencias, finalmente llegó el momento del juicio de Dios sobre Su propio pueblo. El ejército babilónico sitió Jerusalén y permaneció allí durante casi dos años, hasta que la ciudad cayó en el año 586 a.C. El sufrimiento del pueblo de Dios fue indescriptible. Muchos perdieron la vida, y la mayoría de los que sobrevivieron fueron llevados a campos de reubicación en Babilonia.

La ciudad de Jerusalén se convirtió en ruinas humeantes. El templo donde Dios había elegido reunirse con Su pueblo fue totalmente destruido. El gran reino que había sido la envidia del mundo en tiempos de David y Salomón, quedó reducido a una pequeña comunidad de prisioneros de guerra en Babilonia. Pero incluso en esta hora tan oscura, Dios no había olvidado a su pueblo ni su promesa.

1 Reyes 12:1-24

1 Entonces Roboam fue a Siquem, porque todo Israel había ido a Siquem para hacerlo rey. Cuando lo supo Jeroboam, hijo de Nabat, que estaba viviendo en Egipto (porque todavía estaba en Egipto, adonde había huido de la presencia del rey Salomón), y enviaron a llamarlo, entonces vino Jeroboam con toda la asamblea de Israel, y hablaron con Roboam, y le dijeron: «Su padre hizo pesado nuestro yugo. Ahora pues, aligere la dura servidumbre de su padre y el pesado yugo que puso sobre nosotros y le serviremos». Entonces él les dijo: «Váyanse por tres días, después vuelvan a mí». Y el pueblo se fue.

El rey Roboam pidió consejo a los ancianos que habían servido a su padre Salomón cuando aún vivía, diciendo: «¿Qué me aconsejan que responda a este pueblo?». Y ellos le respondieron: «Si hoy se hace servidor de este pueblo, y les sirve y les concede su petición y les dice buenas palabras, entonces ellos serán sus siervos para siempre». Pero él abandonó el consejo que le habían dado los ancianos, y pidió consejo a los jóvenes que habían crecido con él y le servían. Y les preguntó: «¿Qué aconsejan que respondamos a este pueblo que me ha dicho: “Aligere el yugo que su padre puso sobre nosotros?”». 10 Y los jóvenes que se habían criado con él le respondieron: «Así dirá a este pueblo que le dijo: “Su padre hizo pesado nuestro yugo; pero usted hágalo más ligero para nosotros”. Así les hablará: “Mi dedo meñique es más grueso que los lomos de mi padre. 11 Por cuanto mi padre los cargó con un pesado yugo, yo añadiré al yugo de ustedes; mi padre los castigó con látigos, pero yo los castigaré con escorpiones”».

12 Entonces vino Jeroboam con todo el pueblo a Roboam al tercer día como el rey había dicho, diciendo: «Vuelvan a mí al tercer día». 13 El rey respondió con dureza al pueblo, pues había despreciado el consejo que los ancianos le habían dado, 14 y les habló conforme al consejo de los jóvenes, diciéndoles: «Mi padre hizo pesado el yugo de ustedes, pero yo añadiré a su yugo; mi padre los castigó con látigos, pero yo los castigaré con escorpiones». 15 El rey no escuchó al pueblo, porque lo que había sucedido era del Señor, para que Él confirmara la palabra que el Señor había hablado por medio de Ahías el silonita a Jeroboam, hijo de Nabat.

16 Cuando todo Israel vio que el rey no les escuchaba, el pueblo respondió al rey:

«¿Qué parte tenemos nosotros con David?
No tenemos herencia con el hijo de Isaí.
¡A tus tiendas, Israel!
¡Mire ahora por su casa, David!».

Y todo Israel se fue a sus tiendas. 17 Pero en cuanto a los israelitas que habitaban en las ciudades de Judá, Roboam reinó sobre ellos. 18 Entonces el rey Roboam envió a Adoram, que estaba a cargo de los trabajos forzados, pero todo Israel lo mató a pedradas; y el rey Roboam se apresuró a subir a su carro para huir a Jerusalén. 19 Así Israel ha estado en rebeldía contra la casa de David hasta hoy. 20 Cuando todo Israel supo que Jeroboam había vuelto, enviaron a llamarlo a la asamblea y lo hicieron rey sobre todo Israel. No hubo quien siguiera a la casa de David, sino solo la tribu de Judá.

21 Cuando Roboam llegó a Jerusalén, reunió a toda la casa de Judá y a la tribu de Benjamín, 180,000 hombres, guerreros escogidos, para pelear contra la casa de Israel y restituir el reino a Roboam, hijo de Salomón. 22 Pero la palabra de Dios vino a Semaías, hombre de Dios, diciendo: 23 «Habla a Roboam, hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá y de Benjamín, y al resto del pueblo, diciéndoles: 24 “Así dice el Señor: ‘No subirán ni pelearán contra sus hermanos los israelitas. Vuelva cada uno a su casa, porque de Mí ha venido esto’”». Y ellos escucharon la palabra del Señor, y se volvieron para irse conforme a la palabra del Señor.

(NBLA)

Analiza las siguientes preguntas con otra persona o úsalas para profundizar en la Palabra de Dios.

1¿Por qué crees que el pueblo de Dios seguía alejándose de Él? ¿Qué hace que la gente se aleje de Dios hoy en día?
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ESCRITURA 1 Reyes 12:1-24

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