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El Viaje

Creación

Génesis 1:1–31

Creación - Enseñanza (audio)

¿CÓMO podría alguien saber la forma en que empezó el mundo? Nadie estaba allí tomando notas cuando ocurrió. ¿Y cómo podría alguien saber lo que estaba en la mente de Dios cuando hizo al primer hombre y a la primera mujer? Nadie podría saber estas cosas, a menos que Dios mismo tomara la iniciativa de decírselo a alguien. Y eso es precisamente lo que hizo.

Podemos suponer razonablemente que Dios habló con Adán y Eva sobre el gozo que le dio crear el universo y también que ellos le contaron estas historias a sus hijos. Pero las historias que se transmiten de generación en generación de esta manera se distorsionan, y por eso es importante darse cuenta de que Dios reveló estas cosas más directamente.

Más adelante en nuestro viaje, nos encontraremos con Moisés. Dios se le apareció visiblemente y le habló audiblemente (Números 12:8). Este privilegio único de hablar con Dios cara a cara permitió a Moisés escribir en los primeros cinco libros de la Biblia, lo que Dios le dio a conocer.

El Creador Es El DUEÑO

Lo primero que Dios quiere que sepas es que Él es tu Creador: «En el principio Dios creó los cielos y la tierra» (Génesis 1:1). Eso es importante, porque un creador siempre tiene los derechos de propiedad sobre cualquier cosa que haya hecho. Dios quiere que sepas que Él es el Creador y, por lo tanto, el dueño de todo, incluyéndote.

Eso te dice algo extraordinario, no sólo sobre Dios, sino también sobre ti mismo. No eres un accidente de la historia cuya existencia es el resultado de la colisión aleatoria de ciertos átomos. Dios te hizo a propósito, y descubrirás ese propósito a medida que lo conozcas.

Una iniciativa impresionante
Intenta imaginar al Creador trabajando. Día tras día, Dios añadió nuevas dimensiones a su creación: la luz, el cielo, los mares, la vegetación, el sol, la luna, las estrellas, los peces, las aves y los animales. Cada una de ellas fue concebida en la mente de Dios, y cuando Él habló, hizo que existieran. A medida que se completaba cada acción creativa, Dios revisaba su obra y proclamaba que era buena.

Fue entonces cuando Dios coronó su creación con una iniciativa impresionante: «Y dijo Dios: «Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza»» (Génesis 1:26).

Dios te hizo para reflejar algo de Su propia naturaleza y gloria, para que al mirarte, la gente viera algún reflejo de Dios mismo. Esto es lo que da una dignidad y un valor únicos a cada vida humana. Todos los animales fueron hechos por Dios, pero ninguno de ellos fue hecho como Dios.

Disfrutando la bondad de Dios

Adán disfrutó de la vida en un jardín llamado Edén, que Dios había plantado cerca de los ríos Tigris y Éufrates (Génesis 2:8-14). Aunque no podemos conocer su ubicación exacta, probablemente se encontraba en algún lugar de la zona del actual Irak.

La vida en el Edén era increíble. Era tan diferente a todo lo que hemos experimentado que nos resulta difícil de comprender. Pero vale la pena usar nuestra imaginación para intentarlo.

Adán tuvo el privilegio de trabajar en colaboración directa con Dios. Su primera tarea fue poner nombre a los animales que Dios le presentaba (Génesis 2:19). Poner nombres puede no parecer un trabajo importante, pero en realidad este fue el primer ejercicio científico. La ciencia, en su esencia, consiste en observar, clasificar y describir, y ese fue el primer trabajo que Dios le encomendó a Adán.

Todo lo que Adán necesitaba se encontraba en el jardín. Cuando tenía hambre, sólo tenía que levantar la mano y tomar la fruta de los árboles. Su trabajo era satisfactorio, estaba protegido del peligro y gozaba de una salud perfecta. Era el cielo en la tierra.

La mayor alegría de la vida en el Edén era la presencia inmediata y visible de Dios. Dios es Espíritu, y por eso es invisible para nosotros. Pero en el Jardín del Edén, Dios tomó una forma visible para que Adán pudiera conocerlo. A esto lo llamamos teofanía. Dios vino y caminó con Adán en el jardín (Génesis 3:8).

Un matrimonio hecho en el cielo

Dios vio que no era bueno que Adán estuviera solo, así que el Señor hizo una mujer y se la presentó al hombre (Génesis 2:18, 22). ¡Imagina el deleite de Adán cuando Dios le hizo la presentación!

Dios podría haber creado a Eva y dejar que los dos se encontraran en el jardín, pero no lo hizo. Dios participó activamente en la unión de los dos. Intenta imaginar a Dios juntando sus manos y dando Su bendición sobre la vida que compartirían.

La primera pareja se enfrentaría a su cuota de problemas en el futuro, pero nunca podrían dudar de que habían sido unidos por Dios. Eso es cierto para todos los matrimonios, y por eso el matrimonio es sagrado.


Una vista desde la primera montaña

Haz una pausa para contemplar esta vista del mundo tal y como Dios lo hizo. Imagina lo que debió ser vivir en estas condiciones perfectas: compartir las alegrías de un matrimonio amoroso e íntimo; crecer en conocimiento, experiencia y habilidad a través de un trabajo creativo y satisfactorio; y, sobre todo, cultivar una profunda relación con Dios, cuyas visitas al jardín ofrecían un gran deleite.

La vida tal como la conocemos es apenas una sombra de la experiencia que nuestros primeros padres disfrutaron en el Edén. Dios quiere que sepas cómo era su vida y cómo puedes recuperar lo que se ha perdido.

Es hora de dejar la primera montaña de la historia bíblica. Seguimos adelante, sin muchas ganas, porque la siguiente parada de nuestro viaje es un profundo valle.

Hemos hecho algunos descubrimientos maravillosos. Dios es el Creador de todas las cosas. Todo lo que hizo es bueno. Ha creado a los hombres y a las mujeres a su imagen y semejanza, dando una dignidad y un valor únicos a cada vida.

Algunos pueden creer que la vida es más plena cuando Dios está a lo lejos, pero la experiencia desde la cima de la montaña en el Jardín del Edén nos enseña que la vida nunca es más plena, que cuando Dios está cerca.

Génesis 1:1-31

1 En el principio Dios creó los cielos y la tierra. La tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas. Entonces dijo Dios: «Sea la luz». Y hubo luz. Dios vio que la luz era buena; y Dios separó la luz de las tinieblas. Y Dios llamó a la luz día y a las tinieblas llamó noche. Y fue la tarde y fue la mañana: un día.

Entonces dijo Dios: «Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas». Dios hizo la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión de las aguas que estaban sobre la expansión. Y así fue. Y Dios llamó a la expansión cielos. Y fue la tarde y fue la mañana: el segundo día.

Entonces dijo Dios: «Júntense en un lugar las aguas que están debajo de los cielos, y que aparezca lo seco». Y así fue. 10 Dios llamó a lo seco «tierra», y al conjunto de las aguas llamó «mares». Y Dios vio que era bueno. 11 Entonces dijo Dios: «Produzca la tierra vegetación: hierbas que den semilla, y árboles frutales que den su fruto con su semilla sobre la tierra según su especie». Y así fue. 12 Y produjo la tierra vegetación: hierbas que dan semilla según su especie, y árboles que dan su fruto con semilla, según su especie. Y Dios vio que era bueno. 13 Y fue la tarde y fue la mañana: el tercer día.

14 Entonces dijo Dios: «Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche, y sean para señales y para estaciones y para días y para años; 15 y sean por luminarias en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra». Y así fue. 16 Dios hizo las dos grandes lumbreras, la lumbrera mayor para dominio del día y la lumbrera menor para dominio de la noche. Hizo también las estrellas. 17 Dios las puso en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, 18 y para dominar el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios vio que era bueno. 19 Y fue la tarde y fue la mañana: el cuarto día.

20 Entonces dijo Dios: «Llénense las aguas de multitudes de seres vivientes, y vuelen las aves sobre la tierra en la abierta expansión de los cielos». 21 Y Dios creó los grandes monstruos marinos y todo ser viviente que se mueve, de los cuales, según su especie, están llenas las aguas, y toda ave según su especie. Y Dios vio que era bueno. 22 Dios los bendijo, diciendo: «Sean fecundos y multiplíquense, y llenen las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra». 23 Y fue la tarde y fue la mañana: el quinto día.

24 Entonces dijo Dios: «Produzca la tierra seres vivientes según su especie: ganados, reptiles y animales de la tierra según su especie». Y así fue. 25 Dios hizo las bestias de la tierra según su especie, y el ganado según su especie, y todo lo que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y Dios vio que era bueno.

26 Y dijo Dios: «Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra». 27 Dios creó al hombre a imagen Suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. 28 Dios los bendijo y les dijo: «Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Ejerzan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra».

29 También les dijo Dios: «Miren, Yo les he dado a ustedes toda planta que da semilla que hay en la superficie de toda la tierra, y todo árbol que tiene fruto que da semilla; esto les servirá de alimento. 30 Y a todo animal de la tierra, a toda ave de los cielos y a todo lo que se mueve sobre la tierra, y que tiene vida, les he dado toda planta verde para alimento». Y así fue. 31 Dios vio todo lo que había hecho; y era bueno en gran manera. Y fue la tarde y fue la mañana: el sexto día.

(NBLA)

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