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Dios ha quitado algo o a alguien de tu vida, y tienes un problema con eso. En la Parte 2 de “Culpa y agravio”, el Pastor Colin Smith nos enseña qué podemos hacer con nuestras quejas o reclamos contra Dios.

Pasaje: Lamentaciones 1:12–22


Nota: Esta transcripción automatizada te ayuda a seguir el mensaje mientras escuchas. Puede contener errores; consulta el audio original si tienes dudas.

El duelo viene acompañado de culpa, y cuando hay duelo, muy frecuentemente también hay agravio.

No había pensado en esto antes, pero en el idioma inglés, las palabras duelo (grief) y agravio (grievance) provienen de la misma raíz.

Y eso tiene sentido, porque donde hay duelo, muy a menudo hay también un sentimiento de agravio: esa sensación de injusticia, de que lo que sucedió, no debió haber pasado, o de que alguien nos falló.

Y podemos ver que la relación entre la culpa y el agravio es muy obvia.

La culpa se relaciona con lo que hiciste o dejaste de hacer y ahora te lamentas o te arrepientes.

La queja, en cambio, tiene que ver con lo que otros hicieron o no hicieron, y tú piensas: «Si él no hubiera hecho eso, yo no estaría en esta situación» o «si ella hubiera hecho lo que debía, no estaría pasando por esto».

En algunas ocasiones el agravio puede estar dirigido hacia una persona, pero en otras, el agravio es dirigido hacia Dios mismo. Y ese es el tema que se aborda más clara y directamente en el libro de Lamentaciones.

3 tipos de agravios

En realidad, hay 3 tipos de agravios que se abordan en este libro.

El primero es el agravio del pueblo hacia los líderes que les fallaron, los profetas y los sacerdotes que debían guiarlos según el llamado de Dios no cumplieron su misión, y eso dejó al pueblo vulnerable.

Otro tipo de agravio es el agravio hacia los enemigos que los atacaron. Ellos hicieron cosas terribles y devastadoras, y el pueblo expresa su dolor profundo.

Pero por mucho, el enfoque principal que encontramos en el libro de Lamentaciones es el agravio dirigido hacia Dios mismo.

Ahora quiero mostrarte esto en el capítulo 2. Así que espero que tengas tu Biblia abierta en el libro de Lamentaciones. Vamos a leer los primeros cinco versículos del capítulo 2.

Y quiero que notes conmigo que, en 5 versículos, hay 18 expresiones de agravio contra Dios. Eso es mucho.

Y te darás cuenta porque lo que se dice se expresa contra el Señor y entonces se hace referencia a Él directamente, usando las palabras «el Señor» o la palabra «Ha» indicando lo que el Señor hace, y esto aparece una y otra y otra vez. Veámoslo mientras leemos.

Puedes revisar mi aritmética y ver si las tres referencias al Señor y las demás a través del uso de la expresión «ha» suman 18. Pero trata de captar el peso de esto.

Capítulo 2, versículo 1: «¡Cómo el Señor nubló, en Su ira, a la hija de Sión!». Ese es el primer agravio.

«Ha derribado del cielo a la tierra la gloria de Israel». Ese es el segundo agravio.

«y no se Ha acordado del estrado de Sus pies en el día de Su ira». Ese es el tercer agravio.

Versículo 2: «El Señor ha destruido sin piedad a todos los pastizales de Jacob. En Su furor ha derribado las fortalezas de la hija de Judá; ha echado por tierra y ha profanado el reino y sus príncipes».

Versículo 3: «En el ardor de Su ira ha cortado todo el poder de Israel; ha retirado de él Su diestra frente al enemigo. Ha ardido en Jacob como llama de fuego que consume alrededor».

Versículo 4: «Ha tensado Su arco como enemigo; ha afirmado Su mano derecha como adversario, y ha matado todo lo que era agradable a la vista en la tienda de la hija de Sion. Ha derramado Su furor como fuego».

Versículo 5. «El Señor se ha mostrado como enemigo; ha destruido a Israel. Ha destruido todos sus palacios; ha arruinado sus fortalezas y ha multiplicado en la hija de Judá el lamento y la aflicción».

18 quejas, 18 agravios contra Dios en 5 versículos.

Y si esto no es suficiente para convencerte de cuán prominente es este tema en el libro de Lamentaciones, simplemente toma tu Biblia y mira el capítulo 3. En casi todos los versículos de los primeros 16 versículos, se observa la expresión «ha» o «me ha» haciendo referencia a lo que el Señor ha hecho. ¿Lo ves?

Aproximadamente contamos otros 12 agravios hacia Dios en el capítulo 3, versículos 1 – 16. Así que ya vamos por 30, y estoy seguro de que hay más en el resto del libro, pero es en estos capítulos y versículos donde se agrupan y expresan con más intensidad.

Son muchos agravios. ¿Y todos están dirigidos contra quién? Contra el Señor. Así que el dolor viene con agravios.

Recordemos juntos, ¿Cuáles fueron las primeras palabras que recibió nuestro Señor Jesús cuando llegó a Betania después de la muerte de Lázaro? ¿Recuerdas que Él llegó cuatro días después de que Lázaro había muerto, y las dos hermanas de Lázaro, Marta y María, estaban de duelo?

¿Cuáles fueron las primeras palabras que Marta le dijo a Jesús cuando llegó? las primeras palabras que pronunció: Juan 11:21: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto». Agravio.

¿Y recuerdas que poco después, María, que se había quedado en la casa, salió y se encontró con Jesús? ¿Y cuáles fueron las primeras palabras que María le dijo a Jesús? Juan 11:32: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto».

Exactamente las mismas palabras, registradas dos veces por este par de hermanas. Y es que eso era lo que dominaba sus mentes: ¿Qué era lo que Jesús estaba haciendo cuando mi hermano murió? Si Jesús ama a mi hermano. Si Jesús nos ama… ¿Cómo es posible que esto haya sucedido?

Así que esta es la realidad de la experiencia. ¿No es maravilloso que la Biblia hable de la vida tal como es, y no nos de una versión idealizada? Habla de realidades, como la culpa que viene con el duelo, o del agravio que surge cuando hay dolor, sufrimiento y pérdidas.

La última vez mencioné que he sido bendecido al reunirme con un grupo de personas que habían experimentado de manera muy profunda e intensa el camino del dolor y de la pérdida.

Y con ellos caminamos a través de sus historias, tocando algunos de estos temas que encontramos en Lamentaciones. Me fue tan útil poder estar con este grupo y aprender de ellos acerca de la forma como sus experiencias se relacionaban con este libro.

En una ocasión, alguien de nuestro grupo dijo esto: «Es difícil creer que Dios te ama cuando se lleva a alguien que tú amas».

Esa frase expresa lo que casi siempre aparece en medio del duelo: algún tipo de agravio, algún sentimiento interno de que algo no debió pasar.

Y especialmente para quienes somos creyentes, enfrentamos ese agravio dirigido hacia el Señor, ese sentir de que Dios pudo haber hecho algo distinto, tal como vemos una y otra vez en Lamentaciones, e incluso en mujeres tan piadosas como Marta y María.

Ahora quiero que observes un detalle que es especialmente llamativo. Este agravio hacia Dios no es en realidad una expresión de incredulidad. En un sentido muy profundo, es una expresión de fe.

Estas personas en Lamentaciones no eran secularistas que pensaban que la destrucción de una ciudad ocurre por casualidad. No, este era el pueblo de Dios. Personas que creen que Dios es soberano sobre todas las cosas, incluida la catástrofe que había caído sobre su ciudad.

Detrás de la obra de sus enemigos —de quienes sin duda expresaron agravio— su preocupación mucho mayor era con Dios, quien es soberano y quien tiene todo bajo su control.

Entonces ¿cómo entender que esta tragedia no solo pasó ante Sus ojos, sino bajo Su soberanía? Estas son personas que creen que el Señor da y que el Señor quita.

Y hermanos, honestamente, si realmente crees que el Señor es quien da y el Señor es quien quita, no siempre será tan fácil decir: «Bendito sea el nombre del Señor». Job dijo eso, pero él era un hombre muy justo, pero la realidad es que no todos estamos ahí…

Algunos de nosotros podemos leer Lamentaciones y vernos reflejados allí, pensando:

«Creo sinceramente que Dios es soberano en todas las cosas. Y precisamente por creerlo, no puedo evitar llegar a esta conclusión: Su mano ha estado involucrada en esta pérdida, y por lo tanto, tengo un conflicto dentro de mí.»

Bueno, déjame decirte que el libro de Lamentaciones está en la Biblia por una razón. Y esto es seguramente lo que aprendemos del libro en este punto. No hay mejor lugar para derramar tu agravio que en la presencia de Dios.

No hay mejor lugar para derramar tu agravio que en la presencia de Dios

Quiero que tomes esto del libro de Lamentaciones: no hay mejor lugar para derramar tu agravio que en la presencia de Dios. Permíteme decírtelo de esta manera: no te quejes de Dios a sus espaldas.

Si tienes una queja contra Dios, llévala a Él cara a cara. Eso es lo que se nos modela Lamentaciones y eso es lo que se nos modela una y otra vez en el libro de los Salmos.

Estaba leyendo algo que me pareció fascinante. Un pastor y teólogo muy respetado, llamado Eugene Peterson, escribe acerca de un amigo que estaba abrumado por problemas personales, matrimoniales y vocacionales.

Y este amigo comenzó a ir a la ciudad de Nueva York para lo que describió como «fines de semana de gritos».

Se refiere, por supuesto, a la «terapia del grito primal», en la que se anima a los pacientes a desahogar la ira, el resentimiento y el dolor acumulados gritando, y se proporciona un entorno en el que se fomenta esta terapia.

El proceso es descrito como una tormenta de verano en la que de repente, estallan el trueno y el relámpago. Un momento intenso, ruidoso, desbordado, casi como un cataclismo interior. Pero inmediatamente después, la tormenta pasa, las nubes se abren, el sol vuelve a brillar y los pájaros cantan.

Peterson dice: «Sí, hay catarsis en la naturaleza misma de esta experiencia, pero no hay sanidad».

Luego continúa mencionando que este amigo asistió a varios de estos fines de semana de gritos y reportó lo siguiente: «Oh, los resultados son maravillosos… aunque solo duran entre 2-7 días».

A mí me pareció algo irónico: Si es un fin de semana de gritos, y los efectos solo duran de 2 a 7 días, vas a tener que seguir inscribiéndote, ¿no es así?, para otro «fin de semana de gritos» en Nueva York.

En un momento, Peterson se sentó con su amigo después de que ya había entrado en este patrón por algún tiempo, y le dijo lo siguiente: «¿Por qué no te encierras en una habitación por un fin de semana con el libro de Lamentaciones y con Isaías capítulo 53?»

Dice que su amigo lo miró asombrado y sin comprender, pero Peterson insistió: «Sería muchísimo más saludable».

¿Y por qué sería más saludable? Bueno, una razón es que Lamentaciones es un clamor dirigido a Dios, y eso significa que en realidad es escuchado. No es solo un grito al aire, es un clamor que llega a los oídos de Dios.

Recuerda, No hay mejor lugar para derramar un agravio que en la presencia de Dios.

Y si tomas el libro de Lamentaciones, ¿por qué sería más saludable? Por una segunda razón. Verás, lo que Dios escucha en Lamentaciones es muchísimo más que un grito. Un grito es sólo la liberación repentina del dolor, un estallido emocional.

Pero el libro de Lamentaciones no oculta el dolor: lo describe, lo detalla y lo lleva delante de Dios con honestidad.

Por eso tienes línea, tras línea, tras línea de agravios. A simple vista encontramos 30, pero sabemos que hay muchos más, y eso hace toda la diferencia del mundo.

Así le dijo Peterson a su amigo: «si te encerraras con el libro de lamentaciones, si aprendieras lo que significa expresar tu agravio y sus causas, poner todo eso en palabras, en la presencia de Dios, ¿sabes qué pasaría? Ese sería el comienzo de tu sanidad. Y duraría muchísimo más que 7 días»

Ahora, habrá algunos escuchando hoy que llevan por dentro un gran clamor en el alma. No me refiero a que salgan al bosque a hacer «la terapia del grito primal», pero sabes a lo que me refiero. Hay muchos gritos en tu interior. Tu alma está llena de agravios.

Y lo que quiero decirte hoy, desde el libro de Lamentaciones, es esto: Si realmente trajeras todo eso delante de Dios… si hicieras lo que hace Lamentaciones —sacarlo línea por línea, poner en palabras cada aspecto de tu agravio, hasta quedarte sin nada más que decir, y lo trajeras todo delante de Dios, ese sería el comienzo de tu sanidad. De verdad lo sería.

La relación entre culpa, agravio y Cristo

Ahora, en estos últimos minutos, permíteme llevarte brevemente a la relación entre culpa, agravio y Cristo. Y quiero llamar tu atención al Capítulo 1, versículo 12, un versículo que no podemos pasar por alto a esta altura del libro.

Allí, una persona que sufre profundamente dice:

«¿No los conmueve, a cuantos pasan por el camino? Miren y vean si hay dolor como mi dolor que me ha venido, porque Jehová me ha angustiado en el día de su ardiente furor».

En medio de todas estas expresiones de queja hacia Dios, en medio de toda esta culpa y todo este agravio, aparece una voz. Es la voz de alguien que ha sufrido más que nadie.

Esta voz del que sufre habla a las personas que están afligidas.

Les dice: «Tú que estás lleno de dolor. Bueno, esto es lo que quiero que hagas, quiero que eches un vistazo a mi dolor. Sientes que Dios ha puesto sobre ti algo doloroso que te quebranta… entonces mira lo que fue puesto sobre mí en el día de su ira».

Por siglos, los cristianos han visto en este versículo una profecía sorprendente de la cruz de nuestro Señor Jesucristo. Y quiero que escuches estas palabras como si vinieran directamente de los labios de nuestro Salvador crucificado:

«¿No significa nada para ti? Ven y mira mi sufrimiento. ¿Hubo alguna vez un dolor como mi dolor? ¿Tienes un agravio? Mira lo que fue puesto sobre mí.»

Para las personas que luchan con la culpa y el agravio, esto es lo que Lamentaciones está diciendo proféticamente desde su lugar en las Escrituras.

Mira más allá de tu culpa, mira más allá de tu agravio, mira a la cruz del Señor Jesucristo.

Mira la cruz. ¿Quién está colgado allí? Es Dios hecho carne: el mismo Dios contra quien sientes tu agravio.

¿Y por qué está colgado allí? ¿Por qué lleva dolor sobre dolor? Él está allí por ti.

Es difícil creer que Dios te ama cuando Él te quita a alguien a quien tú amas. Sí, es difícil. Pero mira a través de tu agravio a la cruz, donde el Hijo de Dios te amo y se entregó por ti.

Y te diré algo… Es difícil NO creer que Dios te ama cuando estás mirando la cruz.

Oremos a nuestro Padre misericordioso:

Padre, permite que toda culpa y todo agravio sea llevado a los pies de la cruz de Jesús, para que los pecados sean perdonados y las conciencias puedan ser limpiadas.

Que los agravios que nacen de la sensación de que Tú estás en contra nuestra queden abrumados por la verdad de que Tú estás completamente a favor nuestro, en nuestro Señor y Salvador, por Su sufrimiento y Su triunfo en la cruz.

Que hoy sea un día de esperanza y sanidad para muchos que luchan con la culpa y el agravio. Por todas estas cosas oramos en el hermoso nombre de Jesús. Amén.