Cuando Lázaro murió, Jesús fue a Betania. Marta salió a recibirle, y más tarde su hermana María. Estas dos mujeres estaban de duelo por la muerte de su amado hermano.
Y cuando Jesús la vio llorando, y a los judíos que vinieron con ella llorando también, se conmovió profundamente en el espíritu, y se entristeció. «¿Dónde lo pusieron?», preguntó Jesús. «Señor, ven y ve», le dijeron. Jesús lloró. (Juan 11:33–35)
¿Por qué lloró Jesús si sabía que en cinco minutos resucitaría a Lázaro?
Le dijo a Marta: «Tu hermano resucitará» (11:23), no le dijo: «No llores». Él es la Resurrección y la Vida, pero llora con Marta y María por su pérdida. ¡Jesús lloró!
Él conoce tus lágrimas
Dios siempre está íntimamente involucrado en el dolor de Su pueblo. Hay un hermoso versículo en el libro de los Salmos que habla de Dios recogiendo todas nuestras lágrimas en un frasco:
«Tú has tomado en cuenta mi vida errante;
Pon mis lágrimas en Tu frasco;
¿Acaso no están en Tu libro?» (Salmo 56:8)
Cada lágrima que has derramado es completamente conocida por tu Padre celestial. Ninguna es olvidada. Las lágrimas de los hijos de Dios son preciosas para Él. Son parte de la razón por la que envió a Su Hijo al mundo.
Hay muchas declaraciones maravillosas en la Biblia acerca de por qué Jesucristo vino al mundo. En una de ellas, el Mesías dice: «El Espíritu del Señor Dios está sobre mí, porque me ha ungido…para vendar a los quebrantados de corazón… para consolar a todos los que lloran… para que sean llamados robles de justicia» (Isaías 61:1-3), para que puedas permanecer firme y no ser destruido por tu dolor.
Lleva tu dolor a Él
Nuestro Señor fue Varón de dolores, experimentado en quebranto (Isaías 53:3). En el huerto de Getsemaní, dijo: «Mi alma está muy afligida, hasta el punto de la muerte» (Mateo 26:38). Cuando tu alma está abrumada de tristeza, tu Salvador ya ha estado allí. Tienes un Salvador que sabe lo que es llorar.
También tienes un Salvador con quien puedes hablar. Hay un gran abismo entre este mundo y el siguiente. No puedes hablar con tu ser querido que ha muerto. Pero si tu ser querido estaba en Cristo, él o ella está con el Salvador, y tú puedes hablar con el Salvador acerca de esa persona que ahora está en Su presencia. Puedes decirle cuánto la extrañas y cuánto la amas. Puedes llevar el dolor de tu pérdida a este Salvador que conoce el sufrimiento y el dolor.
Un día Cristo enjugará toda lágrima de tus ojos. Literalmente, la Biblia dice que quitará todas las lágrimas de nuestros ojos (Apocalipsis 21:4), como si quitara no solo las lágrimas, sino también los conductos lagrimales (en el cuerpo resucitado), porque ya no serán necesarios. No solo quitará las lágrimas, sino también el dolor y la pérdida que las causaron. ¡Señor, apresura ese día!
Ese día aún no ha llegado, y hasta entonces habrá lágrimas. Pero también está el Varón de dolores, familiarizado con el sufrimiento, que dice en el libro de Lamentaciones: «Observen y vean si hay dolor como mi dolor» (Lamentaciones 1:12). Él experimentó lo más profundo del sufrimiento cuando padeció en la cruz. Y nadie está más dispuesto ni es más capaz de caminar contigo por el valle del dolor, la tristeza y la pérdida que Jesucristo.
Escucha el episodio «Lagrimas y Palabras, parte 1« de la serie Esperanza para tiempos de duelo



